A veces no es la historia, ni los personajes, ni siquiera la ambición lo que define el alma de un juego. A veces es algo mucho más invisible, casi imperceptible, que sin embargo lo condiciona todo: el motor que le da forma. Y en el caso de The Elder Scrolls 6, ese corazón seguirá latiendo con el mismo compás que lo ha hecho durante más de una década. Bethesda ha optado, una vez más, por mantener su propio motor gráfico, el Creation Engine, como la base tecnológica de su próxima gran entrega. No habrá revolución técnica, y desde dentro del estudio, tampoco creen que haga falta.
Así lo ha dejado claro Bruce Nesmith, diseñador principal de Skyrim, en declaraciones recientes en las que desmonta uno de los grandes anhelos de buena parte de la comunidad: ver The Elder Scrolls 6 construido desde cero sobre un motor como Unreal Engine. Para Nesmith, esa opción no solo sería inviable, sino contraproducente. Cambiar de motor —explica— no es simplemente sustituir una herramienta por otra: es interrumpir el desarrollo durante meses, paralizar equipos y poner a los diseñadores en una situación donde ni siquiera pueden jugar o probar lo que están creando.
El argumento es contundente. “Hablas de poner a tus desarrolladores en una situación donde no pueden jugar al juego. Puede que ni siquiera puedan trabajar en el juego durante largos periodos porque el motor no está listo”, afirma Nesmith, recordando además el caso de Fallout 76, donde adaptar el Creation Engine al multijugador supuso un esfuerzo colosal que no siempre dio los frutos esperados. El estudio aprendió por las malas que modificar su tecnología base puede ser más costoso que evolucionarla paso a paso.
Porque ese es el otro punto clave: aunque el Creation Engine lleva años siendo el armazón de títulos como Skyrim, Fallout 4, Starfield o el ya mencionado Fallout 76, no es un motor estático. Cada entrega ha incorporado versiones profundamente modificadas, con mejoras sustanciales en iluminación, físicas, animaciones y renderizado. Bethesda mantiene un equipo dedicado exclusivamente a actualizar y optimizar esta tecnología, lo que les permite seguir avanzando sin renunciar a la capacidad de iterar y testear desde el primer día de desarrollo.
Nesmith insiste en que las ventajas de pasar a Unreal no compensarían el coste operativo. “Lo que puedes hacer en Unreal, también puedes hacerlo con el Creation Engine, aunque tengas que trabajar más para ello”, señala. Es decir, el motor de Bethesda no será el más moderno ni el más brillante sobre el papel, pero está tan moldeado a las necesidades internas del estudio que cualquier alternativa implicaría renunciar a una década de conocimiento acumulado. Y para un juego tan masivo y ambicioso como The Elder Scrolls 6, eso es un lujo que no pueden permitirse.
Eso no significa, sin embargo, que las limitaciones no existan. Starfield demostró que el motor, incluso en su versión más avanzada, sufre para eliminar por completo las transiciones forzadas, los tiempos de carga o la fragmentación entre espacios abiertos y cerrados. The Elder Scrolls 6 tiene ante sí el reto de superar ese techo técnico sin cambiar de base, algo que solo será posible si la evolución del Creation Engine consigue cerrar esas brechas sin romper la coherencia del mundo jugable.
Bethesda parece confiar en que ese será el caso. Al fin y al cabo, mantener un motor propio les da el control absoluto sobre cada aspecto del diseño. Pueden modificar lo que necesiten, sin depender de tecnologías externas ni licencias de terceros. Pero también los obliga a convivir con sus propias limitaciones, y eso, como bien sabemos quienes jugamos a Starfield, puede hacer la diferencia entre la inmersión total y el recordatorio constante de que estás dentro de un sistema.
Quizá por eso esta decisión dice tanto sobre lo que será The Elder Scrolls 6. No será un corte limpio con el pasado, ni un salto de fe hacia lo desconocido. Será una continuación consciente de una forma de construir mundos, con sus virtudes y sus imperfecciones. No soltará lastre técnico, no. Pero en ese mismo peso es donde Bethesda sigue encontrando su equilibrio. Y habrá que ver si esta vez, al fin, logra que vuele más alto.
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