Opinión. La regulación de las redes sociales es un tema candente y pendiente. Esta semana ha vuelto al primer plano de la actualidad tras el anuncio del presidente del Gobierno de España de crear legislación específica para el acceso de menores y otras medidas relacionadas no menos importantes. Este tipo de normativa ha sido solicitada repetidamente por grupos de padres, educadores y profesionales de la salud y está en desarrollo o debate en múltiples países.
Seamos claros: las redes sociales se han convertido en auténticos estercoleros donde la peor calaña humana ha encontrado un auténtico filón para todo tipo de «actividades». Una ‘selva digital’ donde la difusión de mensajes de odio, violentos, racistas, machistas o xenófobos están a la orden del día. También se utilizan para introducir estafas y malware, cuando no para actos delictivos todavía más graves como los relacionados con la pedofilia. Otra problemática son los bulos y la desinformación, incluyendo la manipulación del funcionamiento de las mismas plataformas de redes, al enfocar los algoritmos hacia determinados intereses políticos con el objetivo de socavar los procedimientos democráticos legítimos.
Ciertamente, generalizar es injusto y seguramente la mayoría de grupos en redes están alejados de todo esto. Pero aunque sean minoría la realidad es que la basura resuena con fuerza, cuando no los actos directamente delictivos. En este punto, también conviene introducir la responsabilidad de las plataformas, algo que hasta ahora ha sido inexistente. Aquí se busca aumentar las cuentas de resultados a costa de todos y lo de la cacareada ‘responsabilidad social’ brilla por su ausencia.
La regulación de las redes sociales
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, anunció esta semana en el evento World Governments Summit medidas legislativas para hacer frente a lo que llamó «abusos de las grandes plataformas digitales». También anunció la unión de España a cinco países europeos en la ‘Coalición de los Dispuestos Digitales’, una alianza que pretende avanzar de manera coordinada para la aplicación de una «regulación más estricta, rápida y eficaz de las plataformas sociales».
La medida más sonada entre las propuestas fue la de prohibir el acceso a las redes sociales a menores de 16 años. Una norma similar fue estrenada a nivel mundial por Australia y ya sido anunciada en otros países como Francia o Grecia. No serán los últimos países europeos en regular, siguiendo las recomendaciones generales de la Unión Europea que van por esa vía. «Hoy, nuestros hijos están expuestos a un espacio que nunca debieron transitar solos: un espacio de adicción, abuso, pornografía, manipulación y violencia. Ya no lo aceptaremos. Los protegeremos del salvaje oeste digital», argumentó Sánchez.
Otras medidas anunciadas por Sánchez para la regulación de las redes sociales son igual de importantes, como la creación de un sistema de rastreo, cuantificación y trazabilidad, con el que poner en marcha lo que denominó «Huella de odio y polarización». Tipificar como delito la manipulación de algoritmos para combatir la desinformación fue otra de las medidas anunciadas, así como la investigación por la Fiscalía de infracciones legales como la generación de imágenes sexuales no consentidas que ha venido permitiendo el asistente de IA Grok o la difusión del contenido en TikTok o Instagram.
Tras la aseveración de que «las redes sociales se han convertido en un Estado fallido, donde se ignoran las leyes y se toleran los delitos», el presidente ha anunciado otra medida legislativa para que los ejecutivos de plataformas sean legalmente responsables de las «múltiples violaciones» que tienen lugar en sus plataformas. Ello significará que los directivos serán responsables penalmente del incumplimiento de la normativa existente o la que ahora se anuncia.
Los poderosos, a escena
El anuncio de la nueva legislación española para regular las redes sociales ha tenido una amplia repercusión nacional e internacional, destacando las declaraciones de Elon Musk, dueño de una de las redes señaladas, X. El tipo más rico del planeta ya se las tuvo tiesas con Pedro Sánchez cuando anunció la regularización extraordinaria para personas extranjeras que ya se encuentran en España.
Ahora ha ido más lejos. «El sucio Sánchez es un tirano y un traidor», declaró en su red social, llegando a calificar al presidente del Gobierno de «fascista». Es curioso que un nazi de manual (por gestos, expresiones y apoyo a grupos totalitarios) califique así al representante del ejecutivo de un país elegido democráticamente. El amigo de Trump (hoy no tan íntimo) está trabajando en la creación de un «solo imperio personal» y le va la marcha. Mejor hablar de Sánchez que no de su responsabilidad en X o la pasividad vergonzante de su IA Grok. Lo mismo que llamar «guarro» al presidente de un país para tapar su presencia en los archivos de su amigo criminal Epstein.
Otro con repercusión ha sido el dueño de Telegram. Pável Durov se permitió el lujo de mandar un comunicado a todos los usuarios de la aplicación de mensajería con sus opiniones, donde enmarcaba las medidas anunciadas por Sánchez en «una estrategia de control total y censura». También curioso que un amigo de Putin y residente en un país tan democrático con Dubai, hable de «libertad». Detenido recientemente por permitir actividades como la distribución de contenido pedófilo en Telegram, tiene mucho que esconder.
Los ataques a Sánchez no son nuevos y se enmarcan en una ofensiva de estos ‘tecnobros’ contra quien les planta cara. Especialmente los dirigentes europeos. El presidente de Francia, Emmanuel Macron acusó recientemente a Musk de «apoyar una nueva internacional reaccionaria» y querer «intervenir» en la política internacional. El primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, también fue blanco de sus críticas cuando amenazó con cerrar la plataforma de IA, Grok.
Todo esto va más allá de Musk y Durov. La ofensiva forma parte de un programa mayor que comenzó cuando, según la cita acertada de la revista RollingStone, los multimillonarios de Silicon Valley «le lamieron el culo a Trump para ganarse su simpatía» y su protección. Con Trump al frente, plataformas como Meta han reducido la moderación y verificación de contenidos, clave en cualquier situación de autocontrol de las redes. Visto lo visto y las actuaciones de Trump en otros frentes, es imperativo que Europa imponga sus propias regulaciones y más allá, busque una independencia digital de los intereses políticos, de poder y dinero que llegan del otro lado del atlántico.
Regulación, ¿solo para menores?
El pasado noviembre, el Hospital de la Paz de Madrid celebró el XXVII Congreso Nacional de Pediatría, con la participación de más de 200 médicos especializados en el trato a menores. Una de las propuestas de estos profesionales fue establecer una edad debajo de la cual no se pudiera tener acceso a las redes sociales.
Las razones son conocidas: las redes sociales enganchan a los niños a algoritmos manipuladores en un impacto que tiene grandes efectos nocivos en la salud física y mental de los menores. Los comportamientos violentos y extremos en sus relaciones sexuales por el contenido que consumen; trastornos de la conducta alimentaria; interés por las armas; pensamientos retrógrados, reaccionarios y odiadores, o suicidios por el acoso sufrido en medios digitales. Las consecuencias son infinitas y pueden marcar toda la vida de los hoy menores.
Los médicos participantes y debatientes, explicaron que era a partir de la infancia y la adolescencia cuando se cultivaban las adicciones entre las que incluyeron a las redes sociales, como «equiparables al alcohol y a las drogas». Además de los profesionales sanitarios, grupos de educadores y padres también han pedido un marco legislativo para proteger a niños y adolescentes del uso de sus dispositivos electrónicos, y con un acceso más seguro y responsable.
Sin embargo, solo el bloqueo de menores se quedará muy corto si no se acompaña de otras medidas para asegurar las redes sociales. Por otro lado, poner puertas al campo en los entornos digitales no suele funcionar. Los menores pueden buscar otras vías de acceso como las VPN e información en otros medios que no se califiquen como «redes sociales». Aquí podemos enmarcar a un servicio como YouTube donde se puede encontrar la basura que uno busque y aún peor, acceder a la ‘Internet Oscura’ que ya se sale de cualquier parámetro.
Las soluciones no son fáciles y requieren un debate público, amplio y sosegado. Los anuncios del presidente del Gobierno de España van, en mi opinión, en el buen camino, pero no se deberían implementar a golpe de decreto. Ante situaciones críticas (el entorno digital domina hoy nuestra vida presente y futura) se necesita consenso, también con el principal partido de la oposición que, por cierto, ya había propuesto regular el acceso de menores a redes sociales. Actualmente, se está tramitando en el Congreso una Ley de protección de los menores en los entornos digitales que sería un marco ideal para mejorar la situación global, de los menores y de todos los usuarios de Internet. Y más allá: un marco consensuado para toda la Unión Europea se antoja imprescindible.
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