Durante años hemos asumido que las consolas eran territorios perfectamente delimitados, jardines vallados donde cada fabricante decidía qué podía crecer y qué no. Ese modelo, que parecía inamovible, empieza a mostrar grietas cada vez más visibles. No es un derrumbe repentino, pero sí una erosión constante, impulsada por cambios regulatorios, nuevas estrategias comerciales y una presión creciente por ofrecer más libertad al usuario. En ese contexto, Epic Games se prepara para un movimiento bastante relevante.
La compañía ha confirmado su intención de llevar la Epic Games Store a la próxima consola Xbox, y hacerlo además desde el primer día. Así lo ha explicado Steve Allison, responsable de la tienda digital de Epic, en una entrevista reciente, donde dejó claro que Microsoft ha recibido la idea con los brazos abiertos. No hablamos de un proyecto vago o condicionado a largo plazo, sino de un objetivo explícito: estar presente en el nuevo hardware de Xbox desde su lanzamiento, siempre que no cambien las reglas del juego.
El movimiento es mucho más relevante de lo que puede parecer a simple vista. Hasta ahora, el ecosistema de consolas se ha caracterizado por un control férreo de la distribución digital, con tiendas únicas y comisiones cerradas. La llegada de una tienda third-party como la Epic Games Store supondría un precedente histórico, no solo para Xbox, sino para toda la industria. Abrir la puerta a un escaparate alternativo implica cuestionar un modelo que ha definido el negocio del videojuego en consola durante décadas.
Aquí el papel de Microsoft resulta clave. Lejos de bloquear la iniciativa, la compañía estaría dispuesta a facilitarla, siempre que Epic cumpla con los requisitos técnicos necesarios. Esta actitud encaja con la estrategia más abierta que Xbox ha ido adoptando en los últimos años, apostando por el juego cruzado, la presencia en PC, la nube y un enfoque menos rígido del hardware como único centro de la experiencia. Permitir una tienda alternativa refuerza esa narrativa, aunque también plantea interrogantes sobre cómo se articulará en la práctica.
Epic llega a esta conversación desde una posición mucho más sólida que hace unos años. Según los datos compartidos por Allison, la Epic Games Store ronda los 67 millones de usuarios mensuales, aproximadamente la mitad de los que mueve Steam, y ha alcanzado unos ingresos récord de 400 millones de dólares en ventas de juegos de terceros. No son cifras menores, y explican por qué la compañía se siente con la confianza suficiente para expandirse hacia nuevos territorios.
Esa expansión no se limita a Xbox. Epic trabaja en el lanzamiento de su tienda en iOS en Japón, refuerza su presencia móvil en mercados como Brasil y prepara una profunda renovación de su launcher en PC. El propio Allison lo describe sin rodeos: están “cambiando las tripas” del sistema para hacerlo más rápido, más eficiente y menos pesado. Todo ello apunta a una Epic Games Store que quiere dejar atrás su imagen de alternativa secundaria y consolidarse como una plataforma madura.
En ese proceso, hay un elemento que Epic considera intocable: su programa de juegos gratuitos. Allison ha sido claro al respecto, subrayando que es una parte esencial de la identidad de la tienda y una de sus herramientas más eficaces para atraer nuevos usuarios, con unos diez millones de jugadores nuevos cada año. Lejos de plantearse su retirada, Epic lo ve como una inversión estratégica que seguirá marcando diferencias frente a sus competidores.
Si la Epic Games Store acaba llegando a Xbox tal y como se promete, no será solo una victoria para Epic. Será una señal clara de que el modelo cerrado de las consolas empieza a ceder terreno, y de que la distribución digital en este ámbito puede estar a las puertas de un cambio profundo. No sabemos aún cómo se materializará ni qué límites tendrá, pero la intención está sobre la mesa. Y eso, en un sector tan conservador como este, ya es mucho decir.
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