La fotografía móvil no se ha detenido en los últimos años, aunque a veces lo parezca. Ha avanzado, y mucho, pero lo ha hecho sobre todo por un camino muy concreto: el del procesado computacional y la inteligencia artificial. Sensores algo mejores, ópticas ligeramente más luminosas y, sobre todo, algoritmos cada vez más agresivos han marcado el ritmo reciente. En ese contexto, cualquier movimiento que vuelva a poner el foco en el hardware puro resulta especialmente llamativo. Y eso es justo lo que empieza a dibujarse ahora alrededor de Samsung.
El detonante llega desde Cupertino. Según los últimos informes, el iPhone 18 Pro incorporará un sistema de apertura variable, una característica poco habitual en el mercado actual que permitiría controlar de forma activa cuánta luz entra al sensor. No se trata solo de mejorar las fotos con poca luz, sino de ofrecer mayor control creativo y técnico, algo que en fotografía tradicional se da por hecho, pero que en móviles ha sido siempre la excepción.
Lo interesante es que Samsung ya recorrió ese camino antes que nadie. La compañía coreana introdujo la apertura variable en algunos de sus buques insignia hace varias generaciones, permitiendo alternar entre distintos valores según la escena. Sin embargo, aquella solución terminó desapareciendo, en parte porque el mercado no la valoró lo suficiente y en parte porque el software empezó a compensar muchas de sus ventajas. Fue, en cierto modo, una idea adelantada a su tiempo.
De cara al Galaxy S26 Ultra, Samsung ya estaría realizando pruebas para recuperar esta funcionalidad, que permite, entre otras cosas, una apertura más amplia, que permitirá captar más luz y mejorar el detalle, especialmente en escenas nocturnas. Es un avance tangible, pero sigue siendo un paso intermedio. Una óptica más luminosa mejora el rendimiento, sí, pero no ofrece la flexibilidad de un sistema óptico capaz de adaptarse dinámicamente a distintas condiciones de disparo.
Ahí es donde entra el siguiente movimiento. Según un informe reciente procedente de fuentes asiáticas, Samsung habría comenzado a solicitar módulos con apertura variable, animada por la estrategia que Apple estaría adoptando con el iPhone 18 Pro. Si estos planes se materializan, la tecnología no llegaría, eso sí, antes de la serie Galaxy S27, lo que sugiere que la compañía se toma el cambio con cautela, consciente de su complejidad y de los errores del pasado.
Este giro apunta a un cambio de tendencia más amplio. Tanto Samsung como Apple parecen dispuestas a equilibrar de nuevo la balanza entre hardware y software, tras varias generaciones en las que la narrativa estuvo dominada casi por completo por la IA. El procesado seguirá siendo clave, pero vuelve a haber interés en mejoras ópticas reales, visibles y fáciles de explicar sin recurrir a eslóganes.
Para el usuario, esta competencia renovada es una buena noticia. La apertura variable no es un truco de marketing: bien implementada, puede marcar diferencias reales en multitud de tipos de fotos. Además, obliga a los fabricantes a ir más allá de la simple acumulación de megapíxeles o filtros inteligentes, recuperando conceptos clásicos de la fotografía adaptados al formato móvil.
Al final, lo irónico es que Samsung podría volver a una solución que ella misma descartó, empujada ahora por el movimiento de su gran rival. Pero quizá esta vez el contexto sea distinto. La tecnología está más madura, el público más informado y la fotografía móvil ha alcanzado un punto en el que volver a mirar a la óptica ya no es nostalgia, sino una necesidad. La pregunta no es quién llega primero, sino si esta vez la idea se quedará.
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