El Wi-Fi se ha convertido en la manera más popular de conectarnos a Internet. Se estima que mueve más del 50% del tráfico mundial, y gracias a los últimos avances que ha introducido el estándar Wi-Fi 7 ha mejorado mucho no solo a nivel de rendimiento, sino también de seguridad y de gestión multidispositivo.
Sin embargo, a pesar de su popularidad y de que esta tecnología es una vieja conocida en el mundillo todavía se mantienen a su alrededor una serie de mitos y de conceptos erróneos que muchos no terminan de superar.
En este artículo vamos a repasar cinco de esos conceptos erróneos alrededor del Wi-Fi que se producen con más frecuencia, os explicaremos qué son y os contaremos todo lo que debéis saber para superarlos definitivamente. Si tras terminar de leer el artículo os queda alguna duda podéis dejarla en los comentarios.
1.- Más líneas en el indicador Wi-Fi indica más velocidad de conexión a Internet
Este es un error muy común, sobre todo entre el clásico perfil de usuario medio con menos conocimientos dentro del mundillo tecnológico, y es muy fácil de resolver.
Es verdad que una conexión débil y poco estable puede traducirse en una baja velocidad de conexión a Internet, pero no se utilizan para reflejar de forma directa la velocidad de conexión, de hecho podemos tener todas las líneas y una velocidad de conexión baja.
Las líneas del indicador Wi-Fi en un dispositivo, ya sea un smartphone, un PC, un portátil o cualquier otro conectado de esta manera a Internet, indican la fuerza y estabilidad de la conexión, y no reflejan de forma directa la velocidad de nuestra conexión.
Si tenemos todas las líneas significa que la señal Wi-Fi nos llega con intensidad y que tenemos una conexión fuerte y estable. En caso de que tengamos solo una línea la situación todo lo contrario, tendremos una conexión floja y poco estable.
2.- Si el Wi-Fi funciona no tendré problemas para conectarme a Internet
Hay gente que cree que Wi-Fi e Internet son lo mismo, y que piensa que si la primera funciona correctamente la segunda no le va a dar problemas.
En realidad el Wi-Fi es una cosa, e Internet es otra. La primera es una forma de conectarnos a Internet, una tecnología de conectividad inalámbrica que sirve para establecer comunicaciones bidireccionales entre nuestro dispositivo y los diferentes servidores de páginas web y servicios que pueblan Internet.
Internet es un conjunto descentralizado de redes de comunicaciones interconectadas que permite el intercambio de información entre dispositivos y ordenadores a nivel mundial, y la WWW (World Wide Web) es el servicio que nos permite ver páginas web y acceder diferentes servicios utilizando navegadores de Internet.
Tener Wi-Fi no significa tener Internet, porque como vemos son dos cosas totalmente distintas, aunque es cierto que si no tenemos Wi-Fi puede que no podamos conectarnos a Internet, salvo que utilicemos otros métodos de conexión, como cable o datos móviles.
3.- Tener un router con muchas antenas es lo mejor
Este es un mito que ha hecho mucho daño, y que ha llevado a algunas personas a pensar que si un router no tiene varias antenas exteriores no es un producto de gama alta, ni tampoco una solución capaz de ofrecer un buen rendimiento.
Las antenas exteriores no determinan, por sí solas, la calidad ni el rendimiento de un router. Estas sirven para proporcionar direccionamiento de señal y cobertura en zonas concretas, pero el rendimiento y la cobertura real de la señal dependerán de otros factores muy importantes, tales como:
Estándar Wi-Fi soportado.
Tecnología MIMO del router.
Colocación y entorno del router.
Tipo de antenas y ganancia.
Componentes internos del router, como la CPU, la RAM y el chipset de radio.
Tecnologías adicionales, como «Beamforming», entre otras.
4.- Una conexión rápida a Internet equivale a un Wi-Fi rápido
Mucha gente todavía cree que por pagar una conexión rápida a Internet va a tener un Wi-Fi muy rápido. Es cierto que la velocidad de nuestra conexión a Internet determinará el máximo de velocidad que podemos alcanzar por Wi-Fi, pero no es ninguna garantía de que el rendimiento vaya a ser bueno, porque la velocidad de nuestro Wi-Fi dependerá de muchos factores:
Velocidad Wi-Fi máxima del router y estándar soportado.
Estándar Wi-Fi soportado en el dispositivo desde el que nos conectamos.
Distancia al router o repetidor Wi-Fi, cuanto mayor sea menos velocidad tendremos.
Posibles fuentes de interferencia, que también reducirán la velocidad.
Dispositivos conectados de forma simultánea y ancho de banda consumido.
Tecnologías y rendimiento del propio router.
También influirá en la velocidad de nuestra conexión el estado de los servidores de la web o del servicio que estemos visitando. Si estos trabajan de forma lenta, nuestra conexión será lenta aunque todo funcione correctamente.
5.- El Wi-Fi no necesita ningún tipo de mantenimiento
Con el paso del tiempo es posible que tengamos pequeños problemas con nuestra conexión Wi-Fi. No hay nada que temer, es normal, porque al final es una tecnología que depende del router para funcionar correctamente, y este necesita unos mantenimientos básicos.
Podéis estar tranquilos. Esto no quiere decir que tengáis que estar pendientes constantemente del router, pero sí que de vez en cuando hay que realizar pequeños mantenimientos para que todo funcione correctamente, y en este sentido hay dos cosas que debemos tener claras:
Buscar actualizaciones de firmware de forma periódica para mantener el router al día.
Reiniciar el router ocasionalmente para liberar la RAM de posibles errores que se acumulan con el tiempo.
Las actualizaciones de firmware pueden marcar una diferencia importante. El mejor ejemplo lo tenemos en los routers FRITZ!, que reciben actualizaciones periódicas que introducen mejoras a nivel de rendimiento, seguridad y nuevas funciones.
Contenido elaborado en colaboración con FRITZ!
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