Apple ha renovado su gama portátil con la presentación de los nuevos MacBook Pro y MacBook Air, ahora impulsados por la familia de chips M5. La actualización supone un paso más en la evolución de Apple Silicon, pero también marca una inflexión clara en la forma en que la compañía está orientando sus equipos: no solo hacia más rendimiento tradicional, sino hacia una capacidad cada vez mayor de ejecutar cargas de trabajo avanzadas —incluyendo inteligencia artificial— directamente en el dispositivo.
Con esta generación, Apple consolida una estrategia que combina mayor ancho de banda de memoria, nuevas arquitecturas gráficas con aceleradores neuronales integrados y mejoras sustanciales en almacenamiento y conectividad. Tanto el MacBook Pro como el MacBook Air se benefician de estos avances, aunque cada uno lo hace desde su propio enfoque: potencia extrema y escalabilidad en el caso del primero, equilibrio entre rendimiento y portabilidad en el segundo. La plataforma M5 se convierte así en el eje común de una renovación que redefine el alcance de los portátiles de la compañía.
MacBook Pro con M5 Pro y M5 Max
Los nuevos MacBook Pro de 14 y 16 pulgadas llegan impulsados por los chips M5 Pro y M5 Max, dos variantes diseñadas para escalar el rendimiento de Apple Silicon en entornos profesionales donde CPU, GPU y ancho de banda de memoria trabajan de forma simultánea y sostenida. Ambos integran una nueva CPU de hasta 18 núcleos compuesta por seis super cores —la evolución del núcleo de mayor rendimiento de Apple— y doce núcleos optimizados para cargas multihilo. Esta configuración no solo incrementa el rendimiento monohilo, sino que mejora de forma tangible el comportamiento bajo cargas paralelas intensivas, como compilación de código, simulaciones científicas o procesamiento masivo de datos.
Uno de los cambios más relevantes está en la GPU. El M5 Pro escala hasta 20 núcleos gráficos, mientras que el M5 Max puede alcanzar los 40 núcleos, duplicando prácticamente el músculo gráfico del modelo intermedio. La arquitectura introduce un Neural Accelerator en cada núcleo GPU, una decisión que transforma la forma en que el sistema aborda tareas de IA. En lugar de depender exclusivamente del Neural Engine central, parte de la carga se distribuye directamente en el subsistema gráfico, mejorando el procesamiento de modelos generativos, la inferencia de LLMs y las tareas de visión por computador. Apple habla de hasta 4x más rendimiento en cómputo de IA frente a la generación previa, una cifra que tiene sentido si se tiene en cuenta esta distribución híbrida del trabajo.
El subsistema de memoria es otro de los pilares clave. El M5 Pro soporta hasta 64 GB de memoria unificada con un ancho de banda de hasta 307 GB/s, mientras que el M5 Max duplica tanto la capacidad como el ancho de banda, alcanzando los 128 GB y 614 GB/s. En arquitecturas donde CPU y GPU comparten el mismo pool de memoria, este incremento no es simplemente teórico: permite trabajar con escenas 3D complejas, proyectos de vídeo en 8K con múltiples flujos ProRes, o modelos de lenguaje con mayores recuentos de parámetros sin que el ancho de banda se convierta en cuello de botella.
Apple también ha reforzado el rendimiento gráfico tradicional. La GPU integra mejoras como sombreadores optimizados, caché dinámica de segunda generación y un motor de ray tracing de tercera generación, con aumentos sustanciales en rendimiento para renderizado con trazado de rayos. En aplicaciones que explotan esta técnica —visualización arquitectónica, VFX o diseño industrial— el salto no depende únicamente del número de núcleos, sino también de la eficiencia interna de cada uno de ellos.
El almacenamiento interno también recibe una actualización importante. Apple promete velocidades de lectura y escritura de hasta 14,5 GB/s, cifras que sitúan al nuevo MacBook Pro en la parte más alta del rendimiento SSD en portátiles. Esto se traduce en cargas más rápidas de bibliotecas masivas, reducción de tiempos en proyectos de vídeo complejos y mayor fluidez al manejar datasets voluminosos. Además, el punto de partida aumenta de forma significativa: 1 TB de base en configuraciones con M5 Pro y 2 TB en modelos con M5 Max, una decisión coherente con el perfil profesional al que va dirigido.
En conectividad y arquitectura de I/O, el MacBook Pro integra Thunderbolt 5, con tres puertos respaldados por controladores dedicados directamente en el propio SoC. Esto no solo incrementa el ancho de banda disponible para dispositivos externos, sino que reduce latencias y mejora la estabilidad en configuraciones con múltiples monitores de alta resolución o almacenamiento externo de alto rendimiento. A ello se suma el nuevo chip inalámbrico N1 diseñado por Apple, que habilita Wi-Fi 7 y Bluetooth 6, consolidando una plataforma que no solo es potente en cálculo, sino también en transferencia y gestión de datos.
MacBook Air con M5
El nuevo MacBook Air, disponible en versiones de 13 y 15 pulgadas, recibe el chip M5 estándar, pero eso no significa que juegue en una liga menor. Apple ha trasladado buena parte de las mejoras estructurales de la generación M5 a su portátil más popular, manteniendo el diseño delgado y completamente silencioso sin ventiladores. El resultado es un equipo que conserva su enfoque en portabilidad, pero con una base técnica claramente más ambiciosa que la de generaciones anteriores.
El M5 integra una CPU de 10 núcleos que incluye el núcleo de mayor rendimiento de Apple —ahora denominado super core— junto con núcleos optimizados para eficiencia y cargas paralelas. Este rediseño no solo mejora el rendimiento monohilo, clave en tareas de productividad y navegación avanzada, sino también el comportamiento en flujos creativos como edición de imagen, programación o compilación ligera. Apple habla de mejoras sustanciales frente a generaciones anteriores, especialmente en cargas relacionadas con IA y procesamiento multimedia.
En el apartado gráfico, el M5 puede configurarse con hasta 10 núcleos GPU, incorporando también un Neural Accelerator en cada núcleo gráfico, siguiendo la filosofía de escalado vista en los modelos Pro. Aunque el recuento total es menor que en M5 Pro o M5 Max, la arquitectura es la misma: sombreadores optimizados, caché dinámica de última generación y motor de ray tracing de tercera generación. Esto permite al MacBook Air ejecutar tareas como renderizado 3D ligero o aceleración por trazado de rayos con una fluidez muy superior a la de los modelos M1.
Uno de los puntos más interesantes es el incremento del ancho de banda de memoria unificada, que alcanza los 153 GB/s, aproximadamente un 28% más que en la generación anterior. En un equipo fanless, donde la eficiencia térmica es clave, este aumento permite sostener cargas intensivas durante más tiempo sin penalizaciones abruptas de rendimiento. Además, la memoria compartida sigue siendo uno de los elementos diferenciales de Apple Silicon, eliminando la necesidad de duplicar datos entre CPU y GPU.
El almacenamiento también evoluciona de forma clara. El MacBook Air con M5 parte ahora de 512 GB de almacenamiento base, el doble que la generación previa, y puede configurarse hasta 4 TB. Apple afirma que el nuevo SSD ofrece hasta el doble de rendimiento en lectura y escritura, lo que impacta directamente en la importación de bibliotecas fotográficas masivas, el trabajo con proyectos creativos complejos o la ejecución de modelos locales de IA que requieren acceso constante a datos.
En conectividad, el MacBook Air incorpora el chip inalámbrico N1, habilitando Wi-Fi 7 y Bluetooth 6, además de mantener dos puertos Thunderbolt 4 con soporte para hasta dos pantallas externas. Todo ello se combina con una autonomía de hasta 18 horas y el característico diseño ligero y completamente silencioso, consolidando una propuesta que no busca competir con el MacBook Pro en potencia bruta, sino
M5, M5 Pro y M5 Max: la nueva arquitectura Fusion y el giro definitivo hacia la IA local
Más allá de los equipos concretos, el verdadero núcleo de esta generación está en la arquitectura de los M5, M5 Pro y M5 Max. Apple introduce lo que denomina Fusion Architecture, un diseño que conecta dos dies fabricados en proceso de 3 nanómetros de tercera generación mediante un sistema de interconexión de alto ancho de banda y baja latencia. En la práctica, esto permite escalar el rendimiento sin romper el modelo de memoria unificada que define Apple Silicon desde su primera generación.
La CPU de 18 núcleos presente en M5 Pro y M5 Max combina seis super cores —la evolución del núcleo de alto rendimiento introducido en M5— con doce nuevos núcleos optimizados para cargas multihilo intensivas. Apple ha rediseñado la jerarquía de caché, ampliado el ancho de banda del front-end y mejorado la predicción de saltos, lo que se traduce en un salto tangible en rendimiento monohilo y en eficiencia bajo cargas paralelas sostenidas. No es simplemente un aumento de frecuencia o de núcleos: es una revisión interna del subsistema de ejecución.
La GPU representa otro cambio estructural relevante. La incorporación de un Neural Accelerator en cada núcleo gráfico redefine el reparto de cargas de trabajo entre GPU y Neural Engine. En lugar de centralizar todo el procesamiento de IA en un bloque dedicado, la arquitectura distribuye parte de ese trabajo en los núcleos gráficos, aumentando el paralelismo y reduciendo latencias en tareas como generación de imágenes, inferencia de modelos de lenguaje o procesamiento de vídeo asistido por IA. Este enfoque, combinado con mayores anchos de banda de memoria, explica los incrementos declarados en rendimiento de IA respecto a generaciones anteriores.
El Neural Engine, que ahora cuenta con 16 núcleos y mayor ancho de banda hacia memoria, complementa este diseño híbrido. Mientras la GPU asume cargas de cómputo masivo y paralelo, el Neural Engine se encarga de operaciones específicas de inferencia optimizadas. El resultado es una plataforma claramente diseñada para ejecutar modelos avanzados en local, algo que Apple refuerza con el soporte mejorado para LLMs y frameworks de desarrollo que explotan Apple Intelligence.
En el apartado gráfico puro, la tercera generación del motor de ray tracing, la caché dinámica de segunda generación y el sombreado de malla acelerado por hardware consolidan una GPU cada vez más orientada a cargas profesionales reales, no solo a benchmarks sintéticos. El Media Engine también evoluciona, manteniendo soporte acelerado por hardware para H.264, HEVC, AV1 y ProRes, lo que convierte a los nuevos MacBook Pro en estaciones móviles especialmente adecuadas para edición avanzada de vídeo.
Finalmente, Apple introduce soporte para Memory Integrity Enforcement, una protección de seguridad de memoria siempre activa que no penaliza el rendimiento. Es un detalle menos visible que los núcleos o el ancho de banda, pero significativo desde el punto de vista de arquitectura de sistema: refuerza la idea de que Apple no solo escala rendimiento, sino que consolida una plataforma coherente donde seguridad, eficiencia y potencia están profundamente integradas a nivel de silicio.
Con la llegada de los nuevos MacBook Pro y MacBook Air con arquitectura M5, Apple no plantea una simple actualización iterativa, sino una consolidación clara de su estrategia de silicio propio. La introducción de la Fusion Architecture en M5 Pro y M5 Max, la integración de aceleradores neuronales en cada núcleo GPU y el aumento sustancial del ancho de banda de memoria evidencian un objetivo muy concreto: optimizar el rendimiento para cargas híbridas donde CPU, GPU e IA trabajan de forma simultánea y sostenida. No es solo más potencia, es una arquitectura cada vez más especializada en computación avanzada en local.
Al mismo tiempo, Apple mantiene la coherencia de su ecosistema: desde el MacBook Air fanless hasta el MacBook Pro con 128 GB de memoria unificada y Thunderbolt 5, toda la gama comparte una base técnica común. La diferenciación ya no se basa únicamente en número de núcleos, sino en escalado estructural de recursos. Con esta generación, Apple refuerza una idea que lleva años construyendo: el Mac ya no depende de la nube para tareas avanzadas de IA, ni necesita soluciones externas para cargas profesionales exigentes. El silicio propio ha alcanzado un nivel de madurez que le permite competir en rendimiento bruto, eficiencia energética y especialización técnica dentro de una misma plataforma.
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