2025 ha sido un año frustrante para los usuarios de los sistemas operativos de Microsoft. Y es que, tres años después de su lanzamiento, persisten los graves problemas de Windows 11 que Microsoft debería solucionar.
El final del ciclo de vida de Windows 10 era el momento ideal para consolidar Windows 11 como un reemplazo viable para millones de usuarios. Pero, al contrario, ha sido una pesadilla y la reputación de Windows como plataforma ha caído a niveles de Windows 8. Te contamos los cambios profundos y urgentes que a nuestro juicio son necesarios para revertir la situación.
Los grandes problemas de Windows 11 comienzan en su control de calidad
El problema de calidad de software de Windows no es de hoy y hace años que hablábamos de ello. Microsoft adoptó un modelo de ‘Windows-como-servicio’ para facilitar el desarrollo, la adicción de características y el soporte a nuevas tecnologías mediante un método rolling release similar al que emplean las distribuciones GNU/Linux.
Este modelo era ambicioso y al mismo tiempo exigente, ya que exige un mayor control de calidad de todas las características que se van lanzando. No; no ha funcionado y es responsabilidad total de un fabricante que ha reducido los proceso de prueba interna y también las externas. La responsabilidad de los testeos no puede recaer en probadores externos con buena voluntad, como los de Windows Insiders, a los que además, se les presta muy poca atención.
El resultado ha sido desastroso. Actualizar Windows cada mes se ha convertido en un ejercicio de alto riesgo. Cada uno de los lanzamientos suma errores a una lista cada vez mayor que desesperan a los usuarios. Hasta en Microsoft admiten que Windows 11 está roto. Una bola de nieve que se alimenta en cada nueva actualización y que habla a las claras de un control de versiones deficiente, cuando no inexistente que en plena etapa de desidia no aprovecha el gran programa de prueba que supone Windows Insiders.
¿Innovación continua o más bien Irritación continua, como destacan algunos analistas? Cualquier edificio comienza por unas bases sólidas y la inestabilidad es el primero de los grandes problemas de Windows 11. Hacia ahí deberían dirigirse los esfuerzos la firma de Redmond, pero ¿de qué manera?
Algunos apuestan por la vuelta a los Service Pack, con un desarrollo centrado en la estabilidad y en el rendimiento, y dejando a un lado el lanzamiento de nuevas funciones que complicarían aún más la situación. Los usuarios no queremos más características, sino soluciones a lo que hay. Y lo que hay no convence a nadie.
Menos IA, más inteligencia humana
Ya sabes que Microsoft quiere monetizar sus multimillonarias inversiones en inteligencia artificial llevando funciones a todo su software. Destinado a seguir alimentando inversiones y engordando la burbuja, a nivel de usuario su utilidad está cuestionada y también la oportunidad de hacerlo cuando las prioridades son otras como hemos visto en el punto anterior.
El siguiente paso, el anuncio de los agentes de IA en Windows 11, ha hecho saltar todas las alarmas. Si Windows 11 se encuentra hoy en un estado lamentable hablando de calidad de software, imagina lo que podría suponer la implementación de este tipo de agentes autónomos que al día de hoy pueden alucinar, producir errores de salida y potencialmente representar importantes amenazas para la seguridad.
Las críticas negativas sobre el futuro de Windows como sistema operativo basado en agentes han sido masivas cuando se anunció. De momento son opcionales, pero el futuro parece trazado y el desarrollo futuro de Windows, incluyendo Windows 12, pondrá la IA en un lugar central.
A nuestro juicio y enlazando con el punto de control de calidad, Microsoft necesita soluciones inteligentes, pero humanas. La obsesión por la IA perjudicará aún más al desarrollo de Windows. Las intenciones de inteligencia artificial de Microsoft parecen obsesivas y forzadas, casi como si la compañía estuviera lanzando todo a la pared a ver qué funciona.
Además de su evidente falta de utilidad, del consumo de recursos que conlleva en plena crisis de las memorias y de que simplemente puedes estar utilizando herramientas de IA de otros proveedores, muchas de las funciones de IA añadidas a Windows requieren una conexión a Internet y que sus datos se envíen a la nube para ser útiles, lo que constituye otra preocupación de privacidad que se suma a las propias del sistema.
Probablemente los accionistas e inversores están impresionados por el brillo de la IA, y quizás también las organizaciones empresariales. Pero aun así, no convendría olvidar los intereses de los consumidores que son el gran baluarte de Windows.
Fuera Bloatware y publicidad
Windows 11 tiene demasiados anuncios, recomendaciones, sugerencias, avisos, recordatorios, estímulos… Algunos poco disimulados y otros que forman parte de esos patrones oscuros que usa la firma de Redmond. A ellos se unen la cantidad de Bloatware en Windows.
Gastes más o menos, tu flamante PC llegará pleno de software «basura», aplicaciones y servicios inútiles que penalizan la experiencia del usuario, ocupan recursos de almacenamiento o memoria de manera innecesaria, rebajan el rendimiento y la estabilidad y en casos más graves (ejemplo el Superfish) comprometen gravemente la seguridad de los equipos. Y peor aún. Microsoft sigue utilizando el monopolio de Windows como plataforma de lanzamiento para sus aplicaciones y servicios. La estrategia va más allá del Bloatware relegando las de los rivales que no tienen la ventaja de un ‘Windows’ propio.
A la treintena larga de aplicaciones universales de Microsoft (la mayoría inútiles) la compañía suma otras que nada tienen que ver con el funcionamiento propio del sistema operativo. Los distintos OEMs instalan otra buena cantidad de aplicaciones y servicios, la inmensa mayoría de poca utilidad (por expresarlo suavemente), y entre todos producen un sistema infladísimo sin necesidad salvo para sus cuestiones comerciales y no la de los usuarios.
Recordando que Windows es un sistema de pago (y no gratuito) todo ello debe cambiar. Microsoft y sus socios deben tomar conciencia del hartazgo de los usuarios y del tiempo perdido en hacer limpieza cada vez que compras un PC con Windows o actualizas entre versiones. Otro de los grandes problemas de Windows 11 que puede resolverse rápidamente… si hay voluntad
Un Windows para juegos
Windows ha venido siendo la plataforma de referencia para jugar en PC por la enorme presencia de las librerías DirextX en los entornos de desarrollo y por su amplia adopción desde que comenzó la era de la computación personal. Pero la llegada de alternativas como SteamOS, ha mostrado las ventajas de un sistema operativo totalmente especializado y dedicado a videojuegos y la necesidad de contar con un Windows para juegos y no la versión general infladísima que se ve superada en rendimiento (y otros apartados) por el desarrollo de Valve.
Realmente, Windows 11 prometía mucho a los jugadores desde su lanzamiento, y el sistema operativo ofreció algunas funciones interesantes como el HDR automático. Sin embargo, otras más importantes como DirectStorage aún no han alcanzado su máximo potencial en Windows 11, limitándose a un nicho de juegos de PC y presentando problemas con algunos, por lo que su potencial todavía no está desarrollado.
Los análisis que dicen que sistemas alternativos como SteamOS ofrecen un mejor rendimiento en juegos y una mejor experiencia general que Windows. Y ello incluso en máquinas como la portátil ROG Ally que incluye Windows preinstalado. Quizá por ello Microsoft ha prometido que el Windows 11 de 2026 será «el mejor lugar para jugar».
Microsoft ha confirmado que la función Auto SR (absurdamente exclusiva inicialmente para los PC Copilot+ con procesadores Snapdragon X) llegará a los portátiles para juegos con Windows el próximo año. También lanzará la función de precarga de los sombreadores de los juegos Advanced Shader Delivery (ASD) en más dispositivos y ampliará la interfaz de Xbox en PCs.
Apunta bien, pero el aumento de rendimiento es obligatorio, al igual que la estabilidad solucionando errores relativos a juegos. También hay dudas sobre el plazo para introducir las nuevas funciones, dado lo que hemos visto con DirectStorage. También tendremos que ver si es demasiado tarde para que Microsoft salve la situación ante la gran amenaza, SteamOS y la nueva Steam Machine de Valve. Si Valve logra crear un PC atractivo para el salón, Microsoft podría verse en apuros y perder una cuota de mercado considerable frente a Linux ya que SteamOS es una distribución del sistema libre.
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