Elon Musk vuelve a la carga, y como ya es habitual, lo hace a golpe de tribunales. Sus compañías Twitter y xAI han demandado a Apple y OpenAI en un intento por explicar por qué Grok, su chatbot estrella, no logra escalar posiciones en la App Store. Según Musk, la culpa no es de la falta de atractivo de su aplicación ni de los tropiezos que ya ha protagonizado, sino de una conspiración global destinada a silenciarlo. Porque, claro, si el producto de Musk no arrasa, no puede ser porque no convenza, sino porque, como dijo aquel filósofo de principios de siglo, alguien le pone la pierna encima para que no levante cabeza.
La denuncia presentada en Texas sostiene que Apple y OpenAI actúan como un tándem monopolístico, favoreciendo a ChatGPT frente a cualquier competidor. Musk asegura que la integración del chatbot de OpenAI en iOS y Siri a través de Apple Intelligence otorga un trato de privilegio que relega a Grok a un rincón oscuro de la tienda digital. Incluso afirma que, a pesar de figurar entre las apps más descargadas, Grok no aparece en secciones destacadas como “Must-Have Apps”. O lo que es lo mismo: si no estás en el escaparate de Apple, da igual que seas Musk, la gente no se fija en ti.
El problema, sin embargo, no es solo de visibilidad. Grok ya tuvo que disculparse públicamente hace unas semanas por los errores en sus respuestas, en un episodio bastante bochornoso, que dejó en entredicho su fiabilidad y la seriedad del proyecto de xAI. Aun así, Musk prefiere culpar a otros. Como si la App Store tuviera la obligación de compensar la falta de confianza que el propio chatbot se ha ganado a pulso.
En este escenario, conviene recordar que Apple, por mucho músculo que tenga en hardware, no es precisamente un referente en inteligencia artificial. Ha llegado tarde y a trompicones al sector, y por eso decidió aliarse con OpenAI para llevar ChatGPT al corazón de iOS. Una jugada que a Musk le sienta como un insulto personal: Apple ha apostado por su rival en lugar de abrirle la puerta a Grok. Más que un movimiento de mercado, Musk parece verlo como una traición.
OpenAI, por su parte, ha tachado la demanda de Musk de un episodio más en su “patrón de acoso”. Apple ha respondido que la App Store se gestiona con criterios objetivos y algoritmos que priorizan la calidad, aunque quizá no haga falta darle muchas vueltas: los usuarios, cuando tienen que elegir, están optando por ChatGPT. Ningún algoritmo obliga a nadie a preferir la aplicación de Sam Altman frente a la de Musk.
El trasfondo real es que Grok no termina de despegar, y la explicación es más sencilla de lo que Musk quiere admitir: llega tarde, con un producto poco diferenciado y con una reputación cuestionable. Los usuarios buscan soluciones fiables, no polémicas enlatadas. Y por mucho que Musk insista en que su asistente debería ser un éxito universal, la realidad es que ni sus credenciales ni sus resultados lo avalan.
No es la primera vez que Musk recurre a este tipo de tácticas. Ya lo hemos visto antes: cuando no consigue lo que quiere en el mercado, lo intenta en los juzgados. Así sucedió con sus encontronazos con reguladores y competidores en otros sectores, y ahora repite la fórmula en la inteligencia artificial. Más que defender a Grok, lo que parece buscar es reforzar su propia narrativa de víctima frente a un sistema que conspira contra él.
En definitiva, esta demanda dice más de Musk que de Apple u OpenAI. Mientras estos últimos avanzan —con mayor o menor acierto— en la integración de la IA en el día a día de los usuarios, Musk prefiere montar su propio espectáculo jurídico. Y así, aunque Grok no consiga liderar la App Store, al menos podrá presumir de ser la app más mencionada en los titulares sobre polémicas.
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