Durante años, la marca del pliegue en las pantallas plegables ha sido uno de esos defectos visibles que ningún fabricante parecía dispuesto —o capaz— de eliminar por completo. Más allá del debate estético, el pliegue representaba una barrera psicológica para muchos usuarios: un recordatorio de que la tecnología aún no había resuelto del todo el reto del formato. Con el Galaxy Z Fold8, Samsung parece dispuesta a cambiar esa percepción. Lo que antes era una arruga inevitable, hoy se enfrenta a una propuesta técnica ambiciosa que apunta a hacerla prácticamente invisible.
El avance reside en una combinación de tecnologías. Samsung planea incorporar vidrio ultrafino (Ultra-Thin Glass o UTG) no solo en la capa exterior del panel plegable, sino también en la interna. Esta doble aplicación se complementa con una estructura interna diseñada para redistribuir el estrés mecánico generado en cada apertura y cierre. La meta es clara: reducir de forma tangible la profundidad y visibilidad del pliegue, en este caso hasta en un 20 % respecto a la generación anterior. El resultado no será una pantalla completamente lisa, pero sí un salto perceptible en términos de continuidad visual.
La nueva tecnología ya se dejó ver, aunque de forma indirecta, en el reciente CES 2026. Samsung presentó un panel plegable con un diseño que elimina casi por completo la arruga central gracias a una estructura laminada optimizada, mejor dispersión de la luz y una placa metálica con microperforaciones justo bajo el OLED. Esta placa permite distribuir la presión de manera diferente en cada uso, evitando que se concentre en la bisagra, que hasta ahora era el punto crítico donde se formaba la marca. Aunque no se confirmó que este fuera el panel definitivo del Z Fold8, todas las señales apuntan en esa dirección.
Este esfuerzo no se da en el vacío. La competencia en el terreno plegable ha crecido, y el anuncio —cada vez más cercano— de un posible iPhone plegable ha elevado la presión. Samsung, pionera en este formato, sabe que ya no basta con lanzar iteraciones refinadas: necesita ofrecer avances tangibles que respondan a las demandas del mercado. En ese sentido, la reducción visible del pliegue no es un gesto estético aislado, sino un mensaje claro de que el diseño y la funcionalidad pueden avanzar de la mano.
La elección del UTG en doble capa no es casual. Este material, más resistente y uniforme que los plásticos utilizados en generaciones previas, permite mantener la flexibilidad sin penalizar la durabilidad. Al integrarse en ambas caras del panel, y sumarse a una estructura que minimiza la deformación por acumulación de uso, el sistema mejora tanto en lo visual como en lo mecánico. Es una solución que no parte solo del material, sino del conjunto: soporte, bisagra, capa de dispersión, y control de tensiones.
Para los usuarios, este avance se traduce en una experiencia más limpia y coherente. Una pantalla sin pliegue evidente mejora la lectura, el consumo multimedia y la edición de contenidos, y contribuye a que el dispositivo se sienta más como una única superficie funcional, y menos como una solución intermedia. El Galaxy Z Fold8 no será solo un paso evolutivo, sino también una señal de que los móviles plegables están alcanzando la madurez visual que se les exige desde hace tiempo.
Queda por ver si esta mejora bastará para ampliar la adopción del formato, pero es un movimiento en la dirección correcta. Al reducir la marca del pliegue sin comprometer flexibilidad ni resistencia, Samsung refuerza su apuesta por una categoría que aún tiene mucho margen de crecimiento. No es la eliminación total del defecto, pero sí su versión más contenida hasta ahora. Y en tecnología, a veces basta con eso para marcar una diferencia real.
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