Hay estudios cuyo nombre no necesita apellidos ni aclaraciones. Basta mencionarlos para que una época entera del videojuego se active en la memoria colectiva, e id Software es uno de ellos. Pocos equipos han conseguido algo tan difícil como definir un género, reinventarlo varias veces y, aun así, seguir siendo reconocibles décadas después. En una industria que cambia de piel con rapidez, su trayectoria se ha construido a base de decisiones técnicas, riesgo creativo y una relación muy particular con el jugador.
Fundada el 1 de febrero de 1991 en Mesquite, Texas, id Software cumple ahora 35 años de historia. Un aniversario que no solo sirve para mirar atrás, sino para entender hasta qué punto su influencia sigue presente. Desde sus primeros pasos, el estudio sentó las bases de lo que hoy entendemos como shooter en primera persona, no solo desde el diseño jugable, sino también desde el punto de vista tecnológico. El motor gráfico dejó de ser una herramienta invisible para convertirse en protagonista, y eso marcaría todo lo que vino después.
La lista de títulos que definen esa primera etapa es difícil de igualar. Wolfenstein 3D abrió la puerta en 1991, DOOM la derribó en 1993 y DOOM II: Hell on Earth confirmó que aquello no era un accidente. Con Quake y Quake II, id Software llevó el género al terreno tridimensional real, mientras que Quake III: Arena redefinió el multijugador competitivo y sentó las bases de los esports modernos mucho antes de que el término se popularizara. Cada lanzamiento no solo añadía contenido: empujaba a la industria entera un paso más allá.
El paso de los años no fue sencillo. DOOM 3 apostó por un tono más oscuro y técnico, RAGE exploró nuevas direcciones con resultados desiguales, y durante un tiempo pareció que id corría el riesgo de quedar atrapada en su propio legado. Sin embargo, el estudio supo reaccionar. El reinicio de DOOM en 2016 no fue un ejercicio de nostalgia, sino una reinterpretación moderna, veloz y brutalmente efectiva, que demostró que las ideas fundacionales seguían siendo válidas si se ejecutaban con convicción.
Ese impulso se consolidó con DOOM Eternal y, más recientemente, con DOOM: The Dark Ages, publicado el año pasado. Lejos de acomodarse, id Software ha seguido experimentando con ritmo, sistemas de combate y ambientación, manteniendo una identidad clara en un mercado cada vez más homogéneo. Hoy, el estudio no vive de rentas: sigue siendo relevante, visible y creativo, algo que muy pocos equipos con más de tres décadas a sus espaldas pueden afirmar.
Las celebraciones por este 35.º aniversario ya están en marcha. Durante los últimos días se han sucedido homenajes en redes sociales, y el propio estudio ha querido marcar la fecha con una retransmisión especial en la que participaron Marty Stratton y Hugo Martin, repasando el legado de id y adelantando el tono de un año cargado de simbolismo. No es casualidad: 2026 también marca el 30.º aniversario de Quake y el 10.º aniversario de DOOM (2016), dos hitos que ayudan a entender la continuidad del estudio.
A nivel práctico, el aniversario se acompaña de descuentos destacados en Steam y PlayStation, con rebajas que alcanzan hasta el 66,6% en DOOM: The Dark Ages. Además, los títulos de las sagas Wolfenstein, DOOM, Quake y RAGE siguen disponibles en Xbox Game Pass, y Evercade ha anunciado una colección dedicada a los clásicos de DOOM, reforzando la preservación del catálogo histórico del estudio en formatos alternativos.
Cumplir 35 años no es habitual en el videojuego; hacerlo manteniendo una identidad reconocible es casi excepcional. id Software no solo ayudó a definir cómo se disparaba en pantalla, sino también cómo se entendía la tecnología como parte del lenguaje creativo. Hoy, su legado no se mide solo en clásicos, sino en la capacidad de seguir mirando hacia delante sin renegar de lo que fue. Y eso, en una industria que a menudo olvida rápido, dice mucho más que cualquier cifra redonda.
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