Meta ha anunciado en España una actualización importante de Instagram destinada a limitar el tipo de contenido al que pueden acceder los menores dentro de la plataforma. La novedad introduce una clasificación de publicaciones inspirada en el estándar de las películas recomendadas para mayores de 13 años, aplicada dentro de las llamadas cuentas de adolescentes. Según la compañía, el objetivo es reforzar la protección de los jóvenes en la red social y ofrecer a las familias una referencia más clara sobre qué contenidos pueden aparecer en su entorno digital.
Las llamadas cuentas de adolescentes fueron presentadas por Meta en septiembre de 2024 como un rediseño de la experiencia para usuarios menores de edad. Este sistema agrupa varias herramientas de seguridad que ya existían en la plataforma y las activa automáticamente cuando detecta que quien abre una cuenta es menor. Entre otras medidas, estas cuentas son privadas por defecto, limitan quién puede contactar con el usuario y aplican filtros más estrictos sobre contenido sensible relacionado con temas como autolesiones, suicidio o trastornos alimenticios. También incluyen funciones pensadas para moderar el tiempo de uso, como recordatorios tras una hora de actividad o un “modo sueño” que silencia las notificaciones durante la noche.
La novedad presentada ahora consiste en utilizar un sistema de referencia inspirado en la clasificación cinematográfica para decidir qué publicaciones son apropiadas para adolescentes y cuáles no deberían aparecer en su experiencia de Instagram. La plataforma no mostrará etiquetas visibles en cada contenido, pero empleará este marco como guía interna para ajustar tanto sus políticas de moderación como los sistemas de inteligencia artificial que determinan qué publicaciones aparecen en el feed, en las recomendaciones o en otros espacios de la aplicación.
A partir de este ajuste, Instagram restringirá aún más determinados tipos de contenido para las cuentas de menores. Entre ellos se incluyen imágenes gráficas perturbadoras —como escenas de accidentes o personas heridas—, vídeos de acrobacias peligrosas que puedan incentivar conductas de riesgo o publicaciones relacionadas con bienes prohibidos para menores, como alcohol, tabaco o drogas. Además, si una cuenta publica de forma reiterada contenidos considerados incompatibles con estos criterios, los adolescentes no podrán seguirla, reduciendo así su exposición a ese tipo de material dentro de la plataforma.
Meta también ha incorporado una función adicional llamada “contenido limitado”, dirigida especialmente a las familias que consideran que las restricciones por defecto siguen siendo insuficientes. Esta opción permite endurecer todavía más la experiencia del menor dentro de la red social, restringiendo elementos como los comentarios en determinadas publicaciones o la posibilidad de ver las conversaciones que se generan alrededor de ellas. La compañía sostiene que en muchos casos es precisamente en esos espacios donde aparecen mensajes de odio, acoso o presión social especialmente dañinos para los adolescentes.
Sin embargo, estos anuncios se producen en un contexto cada vez más incómodo para Meta. En los últimos años han salido a la luz múltiples investigaciones que muestran que la propia compañía conocía los efectos negativos que Instagram podía tener en la salud mental de los adolescentes, especialmente entre las chicas jóvenes. Documentos internos filtrados revelaron que la empresa era consciente de que el uso intensivo de la red social podía empeorar problemas como la ansiedad, la baja autoestima o los trastornos de imagen corporal, pese a lo cual esos hallazgos no se hicieron públicos en su momento.
A todo ello se suma un creciente debate político y judicial sobre el diseño de las redes sociales y su impacto en los menores. Recientemente, un jurado en Estados Unidos declaró negligentes a Meta y Google al considerar que sus plataformas habían sido diseñadas de forma deliberadamente adictiva para los jóvenes. En ese contexto, medidas como las nuevas restricciones de contenido en Instagram pueden interpretarse como un intento de reforzar la protección de los menores, pero también como parte de una presión creciente para que las plataformas asuman mayor responsabilidad sobre los efectos de sus propios productos. Porque, más allá de los filtros y controles, la discusión de fondo sigue siendo la misma: hasta qué punto las redes sociales están diseñadas pensando en el bienestar de los adolescentes… o en mantenerlos conectados el mayor tiempo posible.
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