La historia de los fallos en las SSD con Windows 11 ya se parece a una novela de misterio en la que todos los sospechosos tienen coartada. Desde que se detectaron los primeros casos a mediados de agosto, fabricantes y desarrolladores han respondido con declaraciones que se contradicen entre sí, dejando a los usuarios con más dudas que certezas y con la sensación de que nadie quiere cargar con la responsabilidad mientras los discos siguen corriendo riesgos.
Todo comenzó el pasado 18 de agosto, cuando surgieron los primeros reportes alertando de errores graves en ciertas unidades de estado sólido. Los fallos aparecían tras la instalación de una actualización de Windows 11 y se manifestaban, sobre todo, durante operaciones de escritura intensiva en discos que ya tenían más del 60% de su capacidad ocupada. En algunos casos, un simple reinicio devolvía el dispositivo a la vida, pero en otros la unidad quedaba inaccesible.
Tan solo dos días después, el 20 de agosto, el fabricante de controladores Phison intervino en el debate apuntando directamente a Microsoft. Según sus primeras declaraciones, la culpa recaía en el parche KB5063878, que habría desencadenado los errores en discos con controladores de marcas como Corsair, SanDisk o Kioxia, entre otros. La acusación reforzó la sospecha de que la actualización de seguridad podía haber tenido efectos secundarios inesperados.
Sin embargo, la situación dio un giro ayer mismo, cuando Phison se desdijo parcialmente y atribuyó el problema, al menos en parte, a un “uso inadecuado” de las SSD por parte de los usuarios. El cambio de versión generó desconcierto, pues en muy poco tiempo el fabricante pasó de acusar abiertamente a Microsoft a sugerir que la raíz del fallo podría estar en los hábitos de quienes emplean sus productos.
Y si ayer fue Phison, hoy es Microsoft quien ha tomado la palabra para zanjar —al menos de momento— su postura. Según la compañía, no existe ningún vínculo entre la actualización de seguridad de este mes y los fallos reportados en discos duros y SSD. En un comunicado, asegura que ni la telemetría ni las pruebas internas muestran un aumento de errores tras la instalación del parche, y que incluso trabajando junto a fabricantes de hardware no han logrado reproducir el fallo en laboratorio.
La respuesta llega, por tanto, justo después del viraje de Phison, y coloca a los usuarios en un escenario incierto. Tanto el fabricante como Microsoft se han exonerado de responsabilidad, y aunque ambas empresas insisten en que seguirán investigando, lo cierto es que sus mensajes resultan poco tranquilizadores para quienes han visto fallar su unidad de almacenamiento sin una explicación convincente.
Sería injusto descartar por completo la posibilidad de que tengan razón: los problemas podrían deberse a una combinación de factores difíciles de aislar, o incluso a un número reducido de casos particulares que no reflejan un patrón general. No obstante, la falta de claridad y las contradicciones en las declaraciones oficiales no contribuyen a generar confianza, especialmente cuando hablamos de un fallo que puede comprometer datos críticos.
Mientras tanto, lo único claro es que la situación sigue abierta. A la espera de que se identifique la causa real, los expertos recomiendan extremar precauciones: evitar operaciones de escritura de gran tamaño en discos que estén muy llenos y, por supuesto, mantener copias de seguridad actualizadas. Los usuarios, en definitiva, siguen esperando una respuesta definitiva, mientras los grandes actores del sector se limitan a esquivar el golpe.
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