La preservación del videojuego es una tarea silenciosa que rara vez ocupa titulares, pero de la que depende buena parte de la memoria cultural del medio. En un entorno donde el hardware envejece, las tiendas digitales desaparecen y muchos títulos quedan atrapados en formatos obsoletos, los proyectos comunitarios cumplen una función esencial. En ese ecosistema, Myrient se había consolidado como uno de los grandes referentes, una biblioteca digital que iba mucho más allá de un simple índice de descargas.
Durante años, Myrient ha ofrecido acceso organizado a más de 390 terabytes de colecciones vinculadas a iniciativas de preservación ampliamente reconocidas. En su índice podían encontrarse conjuntos completos asociados a No-Intro (ROMs de cartuchos y formatos digitales), Redump (imágenes de discos ópticos), así como colecciones arcade como MAME y FinalBurn Neo. A ello se sumaban proyectos como TOSEC, TOSEC-ISO o la conocida Total DOS Collection, además de otros grandes archivos estructurados con criterios archivísticos.
No se trata de un repositorio desordenado, sino de una biblioteca curada con un enfoque claro hacia la conservación y organización sistemática del material. Esa estructura, combinada con la magnitud de su catálogo, convirtió a Myrient en una herramienta clave para investigadores, coleccionistas y entusiastas de la historia del videojuego.
Ahora, su responsable ha anunciado que el servicio cerrará definitivamente el próximo 31 de marzo. Hasta entonces, el sitio permanecerá disponible en su estado actual para quienes deseen descargar el contenido que consideren relevante. Es interesante destacar, eso sí, que a diferencia de otros proyectos que han desaparecido tras presiones legales o reclamaciones por copyright, en este caso no se ha señalado una orden judicial como detonante principal.
El problema central es económico. Según explica el propio operador, el crecimiento sostenido del tráfico durante el último año no ha ido acompañado de un aumento proporcional en las donaciones. El resultado es un déficit mensual superior a los 6.000 dólares que ha tenido que asumir personalmente para mantener la infraestructura. Una cifra difícilmente sostenible incluso con una comunidad amplia detrás.
A este desequilibrio financiero se suma un fenómeno que ha agravado la situación: la aparición de gestores de descarga externos capaces de eludir los mensajes de donación y las protecciones del sitio. Algunos de estos servicios, además, han llegado a bloquear funcionalidades tras sus propios muros de pago, monetizando indirectamente el acceso a contenidos cuya explotación comercial estaba expresamente prohibida por Myrient. El uso del proyecto con fines lucrativos, en contra de sus normas, ha sido señalado como uno de los factores que precipitan el cierre.
El contexto tecnológico tampoco juega a favor. Desde hace meses, el precio de componentes clave como la RAM, los SSD y los discos duros ha aumentado de forma notable, impulsado en gran parte por la fuerte demanda de centros de datos orientados a inteligencia artificial. Mantener una biblioteca cercana a los 400 terabytes implica una infraestructura costosa en almacenamiento y servidores, y las necesarias ampliaciones han encarecido aún más el proyecto.
El cierre de Myrient vuelve a poner sobre la mesa una realidad incómoda: la preservación digital del videojuego depende, en demasiadas ocasiones, de iniciativas individuales sostenidas por pasión y sacrificio económico personal. Cuando el equilibrio entre costes, tráfico y apoyo comunitario se rompe, incluso los proyectos más sólidos terminan cediendo. Con su desaparición, no solo se pierde un repositorio, sino otra pieza de la frágil red que sostiene la memoria histórica del medio interactivo.
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