Los ciclos de vida de Windows no han seguido un patrón totalmente uniforme. En la mayoría de los casos Microsoft ha dado un soporte aproximado de 10 años a sus sistemas operativos, sin contar las extensiones especiales aplicadas a algunos de ellos, pero hay versiones que han tenido un ciclo de vida mucho mayor, como Windows XP y Windows 7, y parece que Windows 11 también podría superar los 10 años.
Durante las últimas dos décadas se han vivido situaciones muy curiosas que podemos describir como un odio muy marcado a una versión muy concreta de Windows que, posteriormente, se ha acabado convirtiendo en una adoración absoluta. El mejor ejemplo lo tenemos, sin duda, en Windows 10, un sistema operativo que generó un enorme odio no solo hacia el propio sistema operativo, sino también hacia Microsoft.
Recuerdo que su lanzamiento fue un auténtico desastre, sobre todo por el tema de las actualizaciones gratuitas desde Windows 7 y Windows 8.1, una medida que era interesante y beneficiosa para el usuario, pero que Microsoft no supo implementar correctamente. Su integración fue tan mala que muchos usuarios acabaron actualizando a Windows 10 sin querer, y algunos tuvieron problemas graves durante el proceso.
Especialmente sonados fueron los casos de streamers que vieron como en pleno directo su PC se ponía a actualizar a Windows 10 porque la interfaz para rechazar la actualización era confusa y tenía bastante escondida la opción de rechazar, y en su lugar destacaba la de posponer. Esto también afectó a profesionales independientes, e incluso a algunas empresas.
Hemos pasado de odiar a Windows 10 a quererlo, ¿por qué?
Hay varios factores que debemos tener en cuenta para entender la situación actual, y para comprender por qué Windows 11 ha tardado casi cuatro años en superar a Windows 10 en cuota de mercado. La primera es que esa polémica de las actualizaciones gratuitas ha sido olvidada y «perdonada», lo que ha contribuido a limpiar la imagen y a mejorar la percepción que el gran público tiene de ese sistema operativo.
En segundo lugar hay que tener en cuenta que Windows 10 ha recibido mejoras muy importantes durante todo su ciclo de vida, y que estas ha conseguido mejorar aspectos tan importantes como la estabilidad, la seguridad, la interfaz y el rendimiento. También han añadido nuevas funciones y características, y lo han convertido en un sistema operativo maduro y fiable.
Otra razón muy importante es el fracaso de Microsoft con Windows 11, un sistema operativo que no cumplió con las expectativas por culpa de la propia Microsoft, que no supo hacer las cosas bien desde el principio. No es solo una cuestión de interfaz, es un tema de estabilidad, de actualizaciones defectuosas y de requisitos inflados que limitan el acceso a este sistema operativo.
Todas esas cosas convirtieron a Windows 11 en un sistema operativo que, en general, es percibido por el usuario como «peor que Windows 10», porque consume más recursos, tiene una interfaz más alejada del Windows tradicional, porque no ofrece funciones de valor que realmente marquen una diferencia importante, y porque es susceptible de dar más problemas y fallos graves, sobre todo por la baja calidad de las actualizaciones.
¿A dónde nos ha llevado esto? Pues a pasar de un odio extremo a una situación en la que nos encontramos con millones de usuarios que no quieren abandonar Windows 10. Como he dicho hay varios factores que han creado esta situación, y en conjunto podemos describirlos como el síndrome del Windows menos malo, que es la posición en la que ha quedado ahora mismo Windows 10 frente a Windows 11.
Windows 7, ¿eres tú? Historia de un déjà vu
Estoy seguro de que a nuestros lectores más veteranos esta historia les resultará familia. El lanzamiento de Windows 7 fue positivo, y la percepción hacia este sistema operativo fue buena en general, aunque no faltaron los clásicos fanáticos que preferían seguir en Windows XP y que tampoco querían acercarse a Windows 7.
Este sistema operativo ganó tracción más rápido que Windows 10, tuvo mejores críticas y se convirtió rápidamente en uno de los sistemas operativos más queridos de Microsoft. Cuando llegó Windows 10 este recibió críticas positivas, pero como he dicho su lanzamiento fue muy accidentado y no estuvo bien planteado por parte de Microsoft, y esto le pasó factura.
Durante sus primeros años de vida la mayoría de los usuarios deseaban seguir con Windows 7, incluso a pesar de que podían actualizar gratis a Windows 10. No querían ver este sistema operativo ni en pintura, y según varios datos de mercado tardó más de tres años en superarlo en cuota de mercado. Son muchos años, sobre todo teniendo en cuenta que Windows 10 era gratis si teníamos Windows 7 o Windows 8.1.
El final del soporte de Windows 7 se produjo en enero de 2020, solo un año después de que Windows 10 lo superase en cuota de mercado, y algo más de un año antes del lanzamiento de Windows 11. Estos dos datos dicen mucho del peso que tuvo dicho sistema operativo, y confirma que el gran rival de Windows 10 estuvo «en casa» durante muchos años.
Microsoft tuvo que ofrecer varios años de soporte extendido de Windows 7 para facilitar a las empresas la transición de este sistema operativo a otro con soporte, y en general fue un proceso mucho más complicado y lento de lo que le habría gustado al gigante de Redmond. El soporte extendido fue de pago, y permitió recibir actualizaciones hasta enero de 2023.
¿Nos hará Windows 12 llegar a querer a Windows 11?
Esa es la gran pregunta a la que llegamos después de todo este análisis, y la verdad es que lo veo complicado. No me entendáis mal, Windows 11 no es en sí mismo un mal sistema operativo, llevo usándolo más de un año y no he tenido ningún problema, pero en este sentido tengo que matizar algo, y es que no he tenido problemas porque he controlado las actualizaciones.
Nunca he instalado las actualizaciones anuales en el mismo momento de su lanzamiento, solo lo he hecho tras confirmar que los errores que traían habían quedado resueltos, una estrategia que me salvó de la terrible 24H2, actualización que todavía no he instalado en mi equipo principal, y de la que francamente voy a seguir pasando hasta que no me quede más remedio que instalarla.
Esa actualización, y otros parches de seguridad, han dado muchos quebraderos de cabeza y han rodeado a Windows 11 de una mala fama que está más que justificada. Microsoft tiene la oportunidad de redimirse este año con el lanzamiento de la actualización 25H2, que ya lleva un tiempo en desarrollo y cuya llegada está programada para el mes de octubre.
Para que los usuarios pasen de ese sentimiento de odio a un amor real hacia Windows 11 se tendría que cumplir una cosa muy importante, y no sería una buena noticia la verdad: Windows 12 tendría ser terriblemente malo, muy exigente a nivel de requisitos y debería dar problemas considerables en el momento de su lanzamiento.
Un nuevo Windows peor que el anterior hace que este sea menos malo, y lleva a los usuarios a verlo con otros ojos. Esto fue, en parte, lo que motivó ese cambio a favor de Windows 10 cuando llegó Windows 11, y podría volver a suceder con el lanzamiento de Windows 12, siempre que este acabe siendo un desastre en sus inicios.
Qué nos dice la historia: la teoría del Windows malo y el Windows bueno, y cómo afectaría a Windows 11
Si miramos el recorrido de Windows a lo largo de sus diferentes versiones vemos que ese ciclo de un Windows bueno y un Windows malo se ha ido cumplido de una manera sorprendente, tanto que parece que Microsoft lo hace a propósito.
Empezando por el principio, así es como quedarían ordenados los sistemas operativos de Microsoft en función de si fueron buenos o malos:
Windows 3.1: bueno.
Windows 95: malo.
Windows 98: bueno.
Windows ME: malo.
Windows XP: bueno.
Windows Vista: malo.
Windows 7: bueno.
Windows 8: malo.
Windows 10: bueno.
Windows 11: malo
Nos encontramos en un «Windows malo», lo que significa que Windows 12 tendría que ser un «Windows bueno», al menos en teoría. Si dicho sistema operativo no acaba siendo considerado como bueno, Microsoft rompería un ciclo que, como vemos en la imagen adjunta, lleva vigente desde hace más de tres décadas.
¿Qué debería tener Windows 12 para ser mejor que Windows 11?
La verdad es que este apartado nos podría llevar a hacer una lista extremadamente larga, así que nos vamos a centrar solo en los aspectos más importantes, ya que al final estos son los que marcarían la diferencia más importante entre ambos sistemas operativos, y los que convertirían a Windows 12 en una gran evolución, y en positivo, frente a Windows 11.
Un nuevo menú de inicio
El menú de inicio de Windows 11 no ha gustado, esto es algo que no admite discusión, y al ser uno de los puntos más importantes del sistema operativo es uno de los puntos básicos que debe cambiar y mejorar con Windows 12.
Personalmente creo que Microsoft debería mirar a los menús de inicio de Windows 7 y Windows 10 para inspirarse, y recuperar atajos tan básicos como el Administrador de Dispositivos para hacer que dicho menú sea verdaderamente útil.
Requisitos verdaderamente asequibles
El incremento de los requisitos de Windows 11 fue uno de los principales obstáculos que impidió su adopción a gran escala en menos tiempo, y también fue una de las cosas que más críticas negativas recibió por parte de los usuarios de Windows 10.
Entiendo que con Windows 12 Microsoft querrá introducir avances que mejorarán aspectos concretos de este sistema operativo frente a Windows 11, pero la compañía debería evitar que esto pueda incrementar de forma desmedida los requisitos de dicho sistema operativo.
Windows 12 gratis
Actualizar a Windows 12 desde Windows 10 o Windows 11 debería ser gratis. Esta medida ya la hemos visto en esos dos sistemas operativos, y se debería repetir en la próxima versión de Windows, ya que acelerará sin duda la transición a este.
Si Microsoft decide no incorporar esta promoción y obliga a los usuarios a pagar por Windows 12 esto podría generar muchas críticas, y además tendría un impacto muy negativo en el salto de Windows 11 a Windows 12, que sería mucho más lento.
Actualizaciones de mayor calidad
Las actualizaciones han sido el talón de Aquiles de Windows 11, y podrían serlo también de Windows 12 si Microsoft no se pone las pilas y hace todo lo necesario para evitar que estas sigan siendo casi como jugar a la ruleta rusa.
Cuando instalas una actualización semestral de Windows 11 no sabes si todo va a ir bien, o si te vas a acabar encontrando con problemas graves que te lleven al abismo de la reinstalación del sistema operativo. Esto tiene que cambiar con Windows 12.
Nuevas características y una interfaz mejorada
Lo que nos motiva a querer cambiarnos de un sistema operativo a otro más actual son, sobre todo, las nuevas funciones y características que ofrezca dicho sistema operativo, y también la presencia de una interfaz mejorada y más atractiva.
Windows 11 no cumplió ninguno de esos dos requisitos, así que Microsoft tiene una oportunidad de oro con el lanzamiento de Windows 12 para marcar la diferencia. El uso de la IA avanzada podría jugar a su favor.
La entrada Odio y amor a Windows 10, el síndrome de un Windows menos malo que podría llevarnos a amar Windows 11 se publicó primero en MuyComputer.