El Pixel 10a está a punto de hacerse oficial y, como suele ocurrir con los lanzamientos de Google, las filtraciones han dejado ya poco espacio para la sorpresa. El próximo gama media de la compañía californiana mantiene muchas de las señas de identidad de su predecesor, pero introduce algunos ajustes que, sin ser revolucionarios, podrían cambiar su posición dentro del catálogo… e incluso frente a modelos teóricamente superiores.
Sobre el papel, el dispositivo conserva gran parte de la base del Pixel 9a. Nos encontramos con una pantalla OLED de 6,3 pulgadas con resolución 2.424 x 1.080 píxeles y tasa de refresco de 120 Hz, ahora protegida con Gorilla Glass 7i en lugar del ya veterano Gorilla Glass 3. En su interior repite el Tensor G4 acompañado por el chip de seguridad Titan M2, 8 GB de RAM y opciones de almacenamiento de 128 y 256 GB. También se mantiene la configuración de cámaras: sensor principal de 48 MP con OIS, ultra gran angular de 13 MP y frontal de 13 MP. Todo ello con Android 16 y la promesa de siete años de actualizaciones del sistema y parches de seguridad, uno de los grandes argumentos diferenciales de Google en la gama media.
Las diferencias, sin embargo, empiezan a aparecer en los detalles. El terminal cambia ligeramente sus dimensiones —es un poco más grueso, pero algo más compacto y ligero en conjunto—, adopta Bluetooth 6 y mantiene certificación IP68. La batería crece hasta los 5.100 mAh, una cifra sólida para su segmento, pero lo verdaderamente llamativo está en el apartado de carga rápida.
Según la filtración, el Pixel 10a daría el salto hasta los 45 vatios por cable. Esto no solo supone prácticamente duplicar los 23W del Pixel 9a, sino que lo colocaría por encima de varios modelos superiores dentro de la propia familia Pixel 10. De confirmarse, estaríamos ante una mejora inesperada que rompe con la lógica habitual de escalado dentro del catálogo, donde el modelo “a” suele quedar por detrás de los Pro en prácticamente todos los apartados técnicos.
No todo son avances, eso sí. Llama la atención la ausencia de referencias a carga inalámbrica, una característica presente en la generación anterior. Si finalmente desaparece, podría compensar en parte el atractivo de la nueva carga rápida por cable, especialmente para quienes valoran la comodidad del estándar Qi en el día a día. Así, más bien cabe esperar que se mantenga, pero sin mejoras con respecto a al generación anterior.
En cuanto al precio, todo apunta a que Google mantendrá la estrategia continuista. En Europa, el Pixel 10a partiría de 499 euros, la misma cifra con la que debutó el Pixel 9a. En Estados Unidos se espera que conserve los 499 dólares para la versión de 128 GB. La cuestión es si estas mejoras sutiles —y ese salto notable en carga rápida— serán suficientes para justificar su compra frente a un Pixel 9a que ya empieza a encontrarse con descuentos agresivos.
Si algo demuestra esta filtración es que el Pixel 10a no busca reinventar la fórmula, sino afinarla. Pero en un mercado cada vez más competitivo, a veces un único cambio estratégico, como una carga rápida muy superior a la esperada, puede alterar por completo la percepción de un modelo que, en apariencia, parecía continuista.
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