Pocos avances tecnológicos han generado tanto debate como los emuladores. Para algunos, son una herramienta de preservación histórica; para otros, una amenaza a los modelos comerciales tradicionales. Pero más allá del ruido, lo cierto es que emular una consola como PlayStation 3 —una de las arquitecturas más complejas jamás diseñadas para videojuegos— no es solo un desafío técnico, sino un ejercicio de ingeniería inversa digno de admiración. Y en ese terreno, el proyecto RPCS3 sigue consolidándose como la gran referencia del ecosistema.
Desarrollado por una comunidad abierta desde 2011, RPCS3 es el emulador más avanzado que existe para PlayStation 3, y ha sido durante años una especie de termómetro de hasta qué punto se puede replicar —y mejorar— el rendimiento de una consola sin acceso oficial a sus herramientas. A lo largo de más de una década, el proyecto ha pasado de ser poco más que un experimento a convertirse en un software estable, con soporte para cientos de juegos y constantes actualizaciones. Su evolución no solo ha sido técnica, sino también conceptual: de herramienta marginal a símbolo de la emulación moderna.
Esta semana, el equipo responsable de RPCS3 ha confirmado un nuevo hito: más del 70% del catálogo de PlayStation 3 ya se considera jugable sin errores graves. Concretamente, como puedes ver en la imagen inferior, un 70,94% de los juegos alcanzan la categoría “Playable”, lo que implica que pueden jugarse de principio a fin con rendimiento estable, sin bloqueos y con una experiencia comparable a la de la consola original. Es una cifra que marca un punto de inflexión en la historia del proyecto y que lo acerca —más que nunca— a la compatibilidad total con el catálogo.
Eso sí, conviene explicar qué significa “jugable” en el contexto del emulador. No basta con que un juego arranque o muestre la pantalla de inicio: la etiqueta “Playable” implica que el título puede completarse sin fallos graves, con audio y vídeo correctamente sincronizados y una tasa de fotogramas aceptable. Por debajo de esta categoría, un 26,59% de los títulos se encuentran en el estado “Ingame”, es decir, se ejecutan pero presentan errores o cuelgues que impiden terminarlos. El resto, menos del 3%, apenas llega a mostrar la intro o ni siquiera arranca.
Pero los avances no se limitan a la compatibilidad con juegos. RPCS3 ha ampliado también el soporte a más plataformas, incluyendo recientemente dispositivos con Windows sobre arquitectura Arm64, una opción que hasta hace poco solo era posible en Linux. El emulador es ya plenamente funcional en Windows, Linux y macOS tanto en arquitecturas x64 como Arm64. Además, los desarrolladores han habilitado la carga de discos en formato ISO sin necesidad de otros archivos auxiliares, lo que simplifica el proceso de uso y reduce las barreras técnicas para nuevos usuarios.
Este tipo de hitos tiene también una lectura más amplia: los emuladores son una forma de preservar el legado del videojuego, especialmente en una era donde muchas compañías cierran servicios, eliminan títulos digitales o limitan el acceso a generaciones anteriores. Que una consola tan compleja como PlayStation 3 esté tan cerca de ser plenamente emulable es una noticia excelente para historiadores del medio, desarrolladores y jugadores que desean mantener viva su colección sin depender de hardware envejecido o inaccesible.
Con un 70% del catálogo ya cubierto, RPCS3 no solo demuestra su madurez, sino que se consolida como uno de los mayores logros del software libre en el ámbito de los videojuegos. Lejos de los focos y sin grandes campañas comerciales detrás, este emulador se ha ganado un lugar de honor en la historia técnica del medio. Y aunque aún queda camino por recorrer, todo indica que estamos cada vez más cerca de una compatibilidad total con el extenso y variado catálogo de PS3.
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