Hablar de Windows 11 últimamente parece reducirse siempre a dos cosas: Copilot… y a la interminable lista de errores provocados por sus actualizaciones. Entre la insistencia de Microsoft en colocar la IA en cada rincón del sistema y la sucesión de parches que rompen más de lo que arreglan, resulta fácil perder de vista algo importante: Windows 11 sigue evolucionando por otros frentes, algunos mucho más tangibles y, en el día a día, bastante más relevantes que cualquier chatbot integrado.
De cara a 2026, Microsoft prepara una actualización importante, Windows 11 26H2 que, lejos de girar únicamente alrededor de la inteligencia artificial, introduce una serie de cambios estructurales y de interfaz que apuntan a problemas arrastrados desde hace tiempo. No se trata de una reinvención del sistema, sino de una acumulación de ajustes que buscan hacer Windows un poco más coherente, más usable y, sobre todo, menos frustrante en tareas cotidianas.
Uno de los cambios más visibles afecta al menú contextual del Explorador de archivos, probablemente uno de los elementos más criticados desde el lanzamiento de Windows 11. El nuevo planteamiento intenta reducir el caos visual agrupando opciones relacionadas bajo submenús. Acciones habituales como comprimir archivos, copiar rutas o rotar imágenes dejan de ocupar espacio en el menú principal y pasan a organizarse de forma más lógica. La idea es clara: menos ruido a primera vista, más orden. El problema es que esta limpieza tiene un precio, especialmente para usuarios avanzados que dependen de accesos rápidos y ahora deben navegar por varios niveles de menú para llegar a funciones que usan a diario.
Otro cambio interesante llega con la modernización del diálogo Ejecutar (Win + R). Tras años manteniendo una ventana Win32 que desentonaba con el resto del sistema, Microsoft prueba por fin una versión basada en WinUI, con soporte para efectos como Mica y una integración visual mucho más acorde con Windows 11. Lo más relevante, sin embargo, no es el rediseño en sí, sino su carácter opcional. El Run clásico no desaparece y puede seguir utilizándose sin cambios, lo que sugiere un enfoque menos impositivo y más respetuoso con los hábitos de quienes llevan décadas usando Windows de la misma manera.
También hay mejoras pequeñas, pero muy necesarias, como la llegada del modo oscuro a la ventana de Propiedades del Explorador. Puede parecer un detalle menor, pero forma parte de un esfuerzo más amplio por reducir la sensación de sistema “a medio terminar”, donde conviven interfaces modernas con ventanas heredadas de hace veinte años. Son ajustes discretos, pero contribuyen a una experiencia más coherente, algo que Windows 11 todavía persigue.
Otra novedad que regresa es la vista Agenda en el centro de notificaciones, una función ya conocida por los usuarios de Windows 10. Permite consultar citas y reuniones de Outlook directamente desde el sistema, con sincronización en tiempo real y acceso rápido a videollamadas. La contrapartida es técnica: esta implementación utiliza WebView2, lo que implica un consumo adicional de memoria que ronda los 100 MB. La utilidad está ahí, pero vuelve a aparecer la duda habitual en Windows 11: ¿hasta qué punto merece la pena añadir capas web para funciones que antes eran más ligeras?
En este contexto, Copilot sigue estando presente, casi como un ruido de fondo constante. Aparece en el Explorador, en la búsqueda, en el centro de notificaciones y en cada anuncio oficial, hasta el punto de eclipsar mejoras que afectan directamente a la usabilidad del sistema. No es que Copilot no tenga su espacio, pero la sensación es que Microsoft insiste tanto en él que termina ocultando avances más prácticos, menos vistosos, pero también más agradecidos por el usuario medio.
El resultado es un Windows 11 que mejora en aspectos clave, pero que no siempre sabe contarse a sí mismo. Mientras la narrativa oficial gira alrededor de la IA, muchos de los cambios más interesantes pasan desapercibidos, enterrados bajo titulares sobre Copilot y parches de emergencia para arreglar el último error crítico. Y eso es una pena, porque hay señales claras de que Microsoft está empezando a escuchar algunas críticas históricas.
Al final, lo que se juega Windows 11 en 2026 no es demostrar cuántas veces puede integrar Copilot, sino recuperar la confianza del usuario. Arreglar lo básico, respetar flujos de trabajo consolidados y reducir el impacto negativo de las actualizaciones sería un mensaje mucho más potente que cualquier promesa de inteligencia artificial. Quizá la mejor versión de Windows 11 no sea la más “inteligente”, sino la que simplemente funciona sin sobresaltos.
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