Hablar de Windows 11, desde el mismo momento de su anuncio, ha sido, en demasiadas ocasiones, hablar de decisiones controvertidas. Desde cambios estéticos discutibles hasta la desaparición de funciones clásicas, el sistema operativo de Microsoft ha ido acumulando fricciones que, sumadas, han erosionado parte de la buena voluntad inicial. Una de las más simbólicas fue la imposibilidad de mover la barra de tareas, una opción presente durante más de tres décadas en Windows y que muchos usuarios consideraban parte esencial de la experiencia.
Con Windows 11, esa flexibilidad desapareció de un plumazo. La barra quedó anclada a la parte inferior de la pantalla, sin opción oficial para situarla a la izquierda, a la derecha o en la parte superior, como sí permitían Windows 10 y versiones anteriores. Para una parte del público podía parecer un detalle menor, pero para quienes organizan su espacio de trabajo al milímetro —especialmente en configuraciones multimonitor o pantallas panorámicas— supuso un paso atrás evidente en personalización.
Ahora, según los últimos informes, Microsoft trabaja en recuperar esa función y añadir además la posibilidad de redimensionar la barra de tareas. Esto implicaría no solo permitir su colocación vertical en los laterales o en la parte superior, sino también ajustar su tamaño y el de los iconos, algo que hoy solo puede modificarse de forma muy limitada. En teoría, ambas funciones llegarían en 2026 si los planes no cambian.
Conviene recordar que la capacidad de mover la barra de tareas ha sido durante años una de las sugerencias más votadas en el Feedback Hub. Microsoft defendió en su momento que el nuevo diseño de Windows 11 se había construido desde cero con una jerarquía visual muy concreta, basada en paneles simétricos y una distribución específica de elementos como el menú Inicio y los accesos rápidos. Adaptar todo eso a orientaciones alternativas, según la propia compañía, requería rehacer buena parte del trabajo.
Y es cierto que técnicamente no es un cambio trivial. Desde el lanzamiento original, la barra de tareas ha incorporado nuevos elementos como integraciones con Copilot, mejoras en el área de notificaciones, nuevos iconos de batería y otros componentes que deberían funcionar correctamente en cualquier orientación. Además, permitir el redimensionado implica garantizar que el resto de la interfaz y las aplicaciones se adapten sin romper la coherencia visual ni la usabilidad.
La previsión actual sitúa su posible llegada en verano, aunque no hay confirmación oficial cerrada. Microsoft habría marcado estas funciones como prioritarias dentro de su hoja de ruta, asignando recursos adicionales al equipo responsable. Aun así, hablamos de una característica básica que estuvo disponible durante décadas y cuya ausencia nunca fue bien recibida, por lo que el calendario no deja de resultar llamativamente tardío.
En cualquier caso, no estamos ante un giro estratégico ni ante el renacimiento de Windows 11. Más bien se trata de una rectificación necesaria de una decisión que nunca terminó de convencer. Si finalmente se materializa, será una buena noticia para quienes pedían recuperar el control sobre su escritorio, pero difícilmente bastará por sí sola para cambiar la percepción general del sistema.
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