NVIDIA atraviesa uno de los momentos más sólidos de toda su historia. Impulsada por el auge de la inteligencia artificial y por la enorme demanda de aceleradores para centros de datos, la compañía ha logrado disparar sus ingresos hasta niveles récord. Sin embargo, el negocio gaming sigue siendo una pieza fundamental dentro de su estructura, y la expectativa alrededor de la próxima generación GeForce RTX 60 crece a medida que el mercado intenta anticipar su calendario. Ahora, unos datos extraídos de la última presentación de resultados podrían haber arrojado más luz sobre cuándo veremos esas nuevas gráficas.
En el último informe financiero, NVIDIA confirmó que los ingresos de su división gaming crecieron un 47% interanual durante el cuarto trimestre fiscal. La cifra es llamativa, sobre todo si tenemos en cuenta que, en términos secuenciales, las ventas cayeron un 13% respecto al trimestre anterior. Esta aparente contradicción refleja un mercado peculiar: menos unidades vendidas que en el pico navideño, pero con precios elevados y fuerte demanda de la arquitectura Blackwell, lo que ha permitido mantener márgenes muy altos.
Durante la conferencia con inversores, la directora financiera de NVIDIA, Colette Kress, reconoció que la normalización de la cadena de suministro llevará tiempo. Más importante aún, anticipó que las limitaciones de suministro seguirán siendo un “viento en contra” para el negocio gaming durante el primer trimestre del ejercicio fiscal 2027 y más allá. No se trata de una mención directa a nuevas GPUs, pero el mensaje es claro: el equilibrio entre oferta y demanda seguirá tensionado durante un periodo prolongado.
Estas declaraciones encajan con informaciones previas que apuntaban a que las GeForce RTX 60 no llegarían antes de 2028. Aunque NVIDIA no ha confirmado oficialmente una fecha de lanzamiento, el reconocimiento de restricciones estructurales en la cadena de suministro refuerza la idea de que la próxima generación podría retrasarse más de lo habitual. Tradicionalmente, la compañía ha mantenido ciclos relativamente regulares entre arquitecturas, pero el contexto actual parece estar alterando ese patrón.
El impacto de este posible retraso no es menor. Si la generación RTX 50 basada en Blackwell debe sostener el mercado durante más tiempo, es probable que veamos un ciclo de vida extendido, con revisiones intermedias o ajustes de catálogo en lugar de un salto generacional temprano. En un mercado ya caracterizado por precios elevados y disponibilidad irregular, esto podría consolidar la tendencia a GPUs premium con márgenes más altos.
El fenómeno, además, no es exclusivo de NVIDIA. Otros grandes actores del sector también estarían ajustando sus calendarios. Analistas sitúan el lanzamiento de la próxima consola de Sony en 2029, y el mercado de componentes como los SSD afronta previsiones de subidas de precio similares a las que ya hemos visto en la memoria. La industria tecnológica en su conjunto parece estar entrando en una fase de reajuste tras años de expansión acelerada y tensiones productivas.
En este contexto, las palabras de NVIDIA no suenan a simple cautela coyuntural, sino a una señal estratégica. La compañía sigue capitalizando el auge de la IA y priorizando estabilidad y rentabilidad, incluso si eso implica espaciar más sus ciclos de producto. No hay un anuncio oficial sobre la llegada de las GeForce RTX 60, pero las pistas son cada vez más claras: la próxima generación podría estar más lejos de lo que muchos esperaban.
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