Justo ayer compartimos con vosotros nuestro análisis del Intel Core Ultra 7 270K Plus, un procesador que supone una mejora importante frente al Intel Core Ultra 7 265K, y que además ha demostrado que es capaz de superar incluso al Intel Core Ultra 9 285K tanto en juegos como en determinadas aplicaciones. Sin embargo, sé que muchos de vosotros os habéis quedado con una duda importante: ¿por qué no hemos visto un Intel Core Ultra 9 290K Plus?
Os puedo confirmar que el Intel Core Ultra 9 290K Plus existió, al menos a nivel de muestra de ingeniería, porque vimos filtraciones de pruebas de rendimiento de dicho procesador. Una de esas filtraciones apareció en Geekbench 6, una prueba donde demostró que era capaz de superar el rendimiento del Intel Core Ultra 9 285K en un 17%.
Un buen resultado, sin duda, pero hay que tener en cuenta que ese resultado se habría obtenido gracias a la optimización que añade la Intel Binary Optimization Tool, lo que significa que en términos de potencia bruta, sin tener en cuenta el papel de dicha herramienta de optimización, la diferencia habría sido mucho menor entre ambos procesadores.
El Intel Core Ultra 9 290K Plus se convirtió en el Core Ultra 7 270K Plus
Y la verdad es que fue todo un acierto por parte de Intel, ¿pero por qué? Para entenderlo, debemos tener en cuenta varias cosas que os voy a explicar a continuación:
Intel no necesitaba un nuevo procesador tope de gama. El Intel Core Ultra 9 285K ya ofrecía un rendimiento excelente en multihilo, era muy potente y cubría sin problemas como tope de gama. Este nivel, además, tiene menos tirón a nivel de ventas.
La gran cuenta pendiente de Intel no era la potencia en multihilo, sino el rendimiento en juegos frente a AMD, y frente a los Core Gen 14.
Intel no tenía preparadas nuevas arquitecturas ni estaba lista para migrar a un nodo más avanzado.
Tampoco podía aumentar el número de núcleos e hilos sin cambiar por completo el diseño del procesador, aunque esto no era necesario, porque como dije el problema no era el rendimiento en multihilo, sino en juego.
El Intel Core Ultra 9 290K Plus habría sido, en esencia, un Core Ultra 9 285K con el mismo número de núcleos e hilos, 900 MHz más de velocidad «die to die» y un aumento importante de las velocidades de trabajo.
Aumentar la velocidad de trabajo habría mejorado ligeramente el rendimiento, pero también habría aumentado el consumo y las temperaturas de trabajo, y podría haber afectado a la estabilidad del procesador. Su precio, además, habría sido más caro, lo que lo habría colocado en una posición muy «de nicho».
No era una buena idea, y no tenía sentido en el mercado. Esas dos fueron las razones por las que Intel no lanzó el Core Ultra 9 290K Plus, y por las que finalmente decidió convertir este procesador en el Core Ultra 7 270K Plus.
Fue una decisión acertada, porque el Core Ultra 7 270K Plus es un procesador muy interesante. Rinde como un modelo tope de gama, pero tiene un precio más propio de la gama media-alta, lo que lo convierte en una solución muy competitiva.
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