LinkedIn vuelve a estar en el centro de una polémica relacionada con la privacidad. La red social profesional propiedad de Microsoft, que cuenta con más de mil millones de usuarios en todo el mundo, ha sido señalada por una investigación que afirma que la plataforma estaría analizando de forma silenciosa las extensiones instaladas en el navegador de quienes visitan su web. El hallazgo ha provocado una fuerte reacción en la comunidad tecnológica y entre defensores de la privacidad, ya que la práctica no estaría documentada en la política de privacidad del servicio.
La denuncia procede de BrowserGate, una investigación realizada por la organización europea Fairlinked e.V., que sostiene haber identificado código oculto en las páginas de LinkedIn capaz de detectar extensiones instaladas en navegadores basados en Chromium, como Chrome, Edge, Brave u Opera. Según los investigadores, cada vez que un usuario carga una página de LinkedIn se ejecuta un script que intenta comprobar si determinadas extensiones están presentes en el navegador.
El mecanismo sería técnicamente sencillo, pero difícil de detectar para el usuario. El código prueba a acceder a archivos que ciertas extensiones exponen públicamente a las páginas web. Si el archivo responde, el sistema confirma que la extensión está instalada; si no lo hace, concluye que no está presente. Todo el proceso se ejecuta en milisegundos y sin ningún aviso visible. Posteriormente, según la investigación, los resultados se cifran y se envían a servidores vinculados a LinkedIn junto con otros datos de la sesión.
La dimensión del escaneo también ha llamado la atención de los investigadores. Según BrowserGate, el sistema comprobaría miles de extensiones distintas, una lista que habría crecido de forma notable en los últimos años. Esto incluye herramientas de búsqueda de empleo, utilidades profesionales, extensiones de productividad e incluso software relacionado con análisis de ventas o captación de clientes. En un contexto como el de LinkedIn, donde cada cuenta está asociada a una identidad real y a un historial laboral, la combinación de estos datos podría resultar especialmente sensible.
El problema no se limita a la privacidad individual. Los investigadores sostienen que esta técnica también permitiría inferir qué herramientas utilizan los empleados de determinadas empresas, lo que abriría la puerta a construir perfiles tecnológicos de organizaciones completas. Entre las extensiones detectadas se encontrarían, según el informe, productos competidores de servicios profesionales vinculados al propio ecosistema de LinkedIn, lo que ha alimentado sospechas sobre un posible uso estratégico de esta información.
Las implicaciones legales tampoco son menores. El informe afirma que algunos de los datos que podrían deducirse a partir de las extensiones instaladas entrarían dentro de categorías especialmente protegidas por la legislación europea, como el Reglamento General de Protección de Datos (GDPR). Los investigadores sostienen que la recopilación de información potencialmente relacionada con creencias religiosas, orientación política y condiciones de salud requeriría consentimiento explícito, algo que —según la investigación— no se estaría solicitando. Reguladores europeos ya habrían sido informados de estos hallazgos.
Conviene señalar que, por el momento, estas conclusiones proceden de investigadores independientes y todavía no se ha producido una resolución oficial por parte de las autoridades regulatorias. Sin embargo, el volumen de datos analizados y la naturaleza del mecanismo descrito han hecho que el caso esté siendo seguido muy de cerca por expertos en privacidad digital. Si las acusaciones se confirman, podríamos estar ante uno de los episodios más polémicos recientes en materia de recopilación de datos por parte de grandes plataformas online.
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