Media Player debería ser una de las aplicaciones más sencillas y fiables de Windows. Al fin y al cabo, reproducir un vídeo o una canción es una tarea básica que el sistema operativo lleva realizando desde hace décadas. Sin embargo, Microsoft sigue sin encontrar la fórmula adecuada. La última actualización de Media Player ha vuelto a poner sobre la mesa una realidad incómoda: en algunos aspectos, el reproductor moderno de Windows 11 es peor que el que muchos usuarios utilizaban hace casi dos décadas.
La polémica surge a raíz de una nueva versión de Media Player distribuida a través del programa Insider. Sobre el papel, las novedades son positivas. Microsoft ha mejorado la gestión de subtítulos, ha incorporado mensajes más claros cuando falta un códec, ha optimizado el reconocimiento de archivos multimedia y ha corregido diversos errores relacionados con listas de reproducción y estabilidad. Son cambios razonables para una aplicación que aspira a convertirse en el reproductor multimedia de referencia dentro de Windows 11.
El problema es que los aspectos que más críticas han generado siguen intactos. Pruebas recientes muestran que el Media Player actual consume alrededor de 377 MB de memoria RAM incluso cuando permanece prácticamente inactivo, frente a los aproximadamente 103 MB que requiere el antiguo Windows Media Player. Tampoco sale bien parado en tiempos de apertura de archivos locales, una de las tareas más básicas que puede realizar cualquier reproductor multimedia. Resulta difícil justificar que una aplicación moderna necesite muchos más recursos para ofrecer una experiencia que, en algunos escenarios, ni siquiera resulta más rápida.
Lo más llamativo es que esta no es una historia nueva. Microsoft lleva décadas intentando reinventar la experiencia multimedia de Windows. A lo largo de los años hemos visto pasar distintas generaciones de reproductores y plataformas, desde Windows Media Player hasta Media Center, Zune, Xbox Music, Groove Music, Películas y TV y el actual Media Player. Han cambiado los nombres, las interfaces y las tecnologías utilizadas, pero la sensación de que siempre falta algo ha permanecido sorprendentemente constante.
Mientras tanto, alternativas como VLC han conseguido algo que Microsoft nunca ha terminado de lograr: convertirse en recomendaciones naturales entre usuarios avanzados y entusiastas. Cuando alguien pregunta qué reproductor instalar en Windows, rara vez la respuesta es la herramienta integrada en el sistema operativo.
A esto se suma otro problema que lleva años generando frustración. En pleno 2026, un usuario puede grabar un vídeo con su smartphone, transferirlo a un PC con Windows y descubrir que Media Player no puede reproducirlo sin instalar una extensión adicional de pago. El caso más conocido es HEVC o H.265, un formato ampliamente utilizado por teléfonos Android y iPhone. Es cierto que detrás existen costes de licencias y patentes, pero desde el punto de vista del usuario la experiencia resulta difícil de entender. La situación se complica todavía más tras la desaparición de determinados códecs integrados en versiones recientes de Windows 11, incluyendo soporte para formatos de audio que hasta hace poco funcionaban sin complicaciones.
Todo esto crea una paradoja difícil de ignorar. El nuevo Media Player presenta una interfaz más moderna, se integra mejor con Windows 11 y ofrece funciones que no existían en versiones anteriores. Sin embargo, sigue sin transmitir la sensación de ser una mejora clara respecto a lo que sustituye. Cuando un reproductor de hace ya demasiados años consume menos recursos, abre archivos más rápido y evita ciertas limitaciones actuales, es inevitable preguntarse si la evolución ha seguido realmente la dirección correcta.
Durante décadas Microsoft ha intentado reinventar la experiencia multimedia de Windows una y otra vez. Han cambiado los nombres, las interfaces y las tecnologías que hay detrás, pero la sensación sigue siendo la misma: el reproductor integrado continúa sin convertirse en la opción que los usuarios recomiendan de forma natural. Y quizá ahí esté el verdadero problema de Media Player. No que sea malo, sino que después de tantos años sigue sin ser lo suficientemente bueno como para dejar de buscar alternativas.
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