Durante los últimos años ChatGPT ha ido ampliando progresivamente sus fronteras. Lo que empezó como un asistente conversacional relativamente prudente se ha convertido en una plataforma capaz de asumir cada vez más funciones, desde ayudar a escribir código hasta mantener conversaciones complejas durante horas. Ese crecimiento ha obligado a OpenAI a caminar siempre sobre una línea delicada, una que separa el potencial de la tecnología de los límites que la propia compañía decide imponer.
OpenAI ha confirmado ahora que el esperado modo adulto de ChatGPT sufrirá un nuevo retraso. Según explicó un portavoz de la compañía, el lanzamiento de esta función se aplaza porque la empresa ha decidido concentrar sus recursos en tareas que considera prioritarias para una mayor parte de los usuarios. Entre esas prioridades se encuentran mejoras en la inteligencia del modelo, cambios en su personalidad, nuevas opciones de personalización y una experiencia más proactiva en las conversaciones.
El modo adulto se presentó inicialmente en octubre del año pasado, cuando el director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman, adelantó en Twitter la intención de la compañía de aplicar el principio de “treat adults like adults”. La idea consistía en permitir que usuarios verificados pudieran acceder a contenidos que hoy se encuentran restringidos, incluido material erótico generado por la propia inteligencia artificial. En aquel momento Altman habló de un lanzamiento previsto para diciembre, aunque más tarde la compañía indicó que la función llegaría durante el primer trimestre de 2026. Con ese plazo a punto de finalizar, el proyecto vuelve a quedarse sin una fecha concreta.
El retraso resulta especialmente llamativo porque OpenAI ya ha empezado a desplegar algunas piezas que podrían formar parte de ese sistema. En enero la compañía comenzó a introducir herramientas de predicción de edad, un mecanismo diseñado para estimar si un usuario podría ser menor de edad a partir de diferentes señales de uso. Este tipo de sistemas puede actuar como complemento de otros métodos de verificación y servir como base para segmentar el acceso a determinadas funciones dentro de la plataforma.
El contexto en el que llega este retraso tampoco es trivial. En los últimos meses, la industria de la inteligencia artificial conversacional ha empezado a enfrentarse a un debate creciente sobre el papel que estos sistemas pueden desempeñar en la vida emocional de sus usuarios. Algunos servicios basados en IA han evolucionado hacia modelos de compañía virtual, capaces de mantener interacciones prolongadas que, en ciertos casos, pueden generar vínculos emocionales intensos entre el usuario y el sistema.
Esa tendencia ha dado lugar también a varias controversias legales y sociales. En Estados Unidos se han presentado demandas relacionadas con supuestos efectos psicológicos negativos derivados de interacciones prolongadas con chatbots, incluyendo casos en los que familiares de usuarios fallecidos han señalado a estos sistemas como un posible factor contribuyente. Aunque la responsabilidad directa de las plataformas sigue siendo objeto de debate, el tema ha colocado a las empresas de IA bajo un escrutinio cada vez mayor.
Desde esa perspectiva, el modo adulto de ChatGPT podría parecer una función secundaria dentro de la evolución del servicio, pero en realidad se sitúa en un punto de intersección complejo entre tecnología, regulación y responsabilidad social. No sé cuándo terminará llegando esa función ni cómo se materializará exactamente, pero tengo la impresión de que decisiones como esta reflejan algo más profundo: la inteligencia artificial conversacional ya no se limita a resolver preguntas o generar texto, y cada paso hacia nuevos usos abre también preguntas que la industria todavía está aprendiendo a responder.
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