IBM Z se prepara para uno de los cambios arquitectónicos más importantes de su historia reciente. IBM ha presentado en Hot Chips 2026 el primer procesador de doble arquitectura diseñado para sus futuros sistemas IBM Z y LinuxONE, un chip que permitirá ejecutar de forma nativa aplicaciones y entornos Linux desarrollados para Arm junto a z/OS y las cargas Linux que ya utilizan estas plataformas. El objetivo es abrir sus mainframes a uno de los mayores ecosistemas de software actuales sin renunciar a las características de seguridad, disponibilidad y escalabilidad que definen a estos sistemas.
La parte más interesante del diseño es precisamente cómo pretende conseguirlo. IBM no está creando un procesador con unos núcleos dedicados a su arquitectura y otros reservados para Arm. Según la compañía, cada uno de sus núcleos estará preparado para ejecutar de forma nativa instrucciones IBM Z y Arm, o LinuxONE y Arm, incluso de manera concurrente. Estamos, por tanto, ante una aproximación muy distinta de las arquitecturas heterogéneas que simplemente reúnen diferentes tipos de núcleo dentro de un mismo encapsulado. IBM todavía no ha detallado cómo funcionará internamente esta capacidad, pero el planteamiento permitirá que ambos entornos convivan dentro del mismo sistema.
El procesador estará fabricado mediante un nodo de 2 nanómetros y contará con 11 núcleos de alto rendimiento capaces de superar los 5,7 GHz. IBM incorporará además aceleradores específicos para inferencia de inteligencia artificial, destinados entre otras cosas a ejecutar detección de fraude directamente durante una transacción, y una unidad de procesamiento de datos integrada que descargará y acelerará operaciones de entrada y salida. La compañía habla también de una amplia arquitectura de caché, aunque todavía no ha revelado sus capacidades. Los futuros IBM Z y LinuxONE podrán combinar estos procesadores hasta alcanzar cientos de núcleos y decenas de terabytes de memoria.
La incorporación de Arm modifica de forma importante qué software podrá llegar a IBM Z. Hasta ahora, las organizaciones podían ejecutar Linux junto a z/OS, pero las aplicaciones tenían que estar disponibles para la arquitectura utilizada por estos sistemas. Con el nuevo procesador se abre una vía directa para utilizar entornos Linux y aplicaciones compiladas para Arm sin tener que trasladarlas previamente a la arquitectura tradicional de IBM. Eso no significa que cualquier programa Arm vaya a funcionar automáticamente y sin adaptación, ya que seguirán importando el sistema operativo, sus dependencias y el soporte ofrecido por IBM, pero desaparece una de las principales barreras arquitectónicas que hasta ahora separaban ambos ecosistemas.
Ese ecosistema es precisamente una de las razones que explican el movimiento. Arm cifra en más de 22 millones el número de desarrolladores que trabajan actualmente alrededor de su plataforma, que ha extendido su presencia desde dispositivos móviles y sistemas embebidos hasta servidores, servicios cloud e infraestructuras destinadas a inteligencia artificial. Cada vez más herramientas cloud-native, middleware, proyectos abiertos y aplicaciones relacionadas con IA están disponibles u optimizadas para Arm. Al incorporar esa arquitectura directamente en sus futuros procesadores, IBM quiere acercar todo ese desarrollo a unas plataformas tradicionalmente asociadas con el procesamiento transaccional y las cargas de datos críticas.
IBM ya ha empezado, de hecho, a buscar la colaboración de desarrolladores, proveedores de software independientes, responsables de proyectos open source, compañías SaaS, especialistas en IA, seguridad y middleware e integradores de sistemas. La compañía quiere que participen desde las primeras fases en la creación del futuro ecosistema Arm para IBM Z y LinuxONE, con posibilidades de acceder posteriormente a pruebas, validaciones, documentación técnica y programas de optimización. Esta parte será fundamental: disponer de hardware compatible con Arm ampliará enormemente las posibilidades de la plataforma, pero su verdadero valor dependerá de que las aplicaciones y herramientas empresariales aprovechen esa compatibilidad.
Para las empresas que ya dependen de IBM Z, el atractivo va más allá de disponer de un catálogo de software más amplio. Las cargas Arm podrán ejecutarse dentro de una infraestructura que ofrece cifrado avanzado, gestión segura de claves, detección y recuperación de errores por hardware, alta disponibilidad y aceleración de inteligencia artificial. Esto permitirá acercar aplicaciones cloud-native o de IA a los datos y procesos transaccionales que ya residen en el mainframe, evitando en determinados escenarios tener que moverlos a sistemas externos. Es una ventaja especialmente relevante en sectores regulados y con fuertes requisitos de continuidad, como banca, sanidad, administraciones públicas, telecomunicaciones o comercio.
Todavía queda bastante por conocer. IBM habla expresamente de futuros sistemas IBM Z y LinuxONE y no ha anunciado una fecha comercial, el nombre de la generación que estrenará el procesador, su consumo, las capacidades concretas de caché ni las configuraciones finales disponibles. Aun así, el cambio de dirección resulta muy significativo. Personalmente, creo que lo más interesante es que IBM no intenta sustituir su arquitectura histórica por Arm, sino conseguir que ambas puedan convivir dentro del mismo procesador. Si el ecosistema de software acompaña al hardware, IBM Z podría conservar décadas de aplicaciones críticas y, al mismo tiempo, eliminar una de las barreras que lo separaban del software moderno desarrollado para cloud e inteligencia artificial.
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