Según esta fuente, Samsung está empezando a pedir a los usuarios de Samsung Health que autoricen el uso de sus datos de salud para entrenar y desarrollar modelos de inteligencia artificial. La compañía permite rechazarlo, al menos formalmente, pero acompaña esa negativa con una consecuencia difícil de ignorar: la aplicación dejará de sincronizar la información con la cuenta de Samsung y los datos almacenados podrán ser eliminados, salvo que alguna obligación legal exija conservarlos. No parece una solicitud de colaboración, sino una condición impuesta para mantener una función básica que hasta ahora se ofrecía sin exigir esta cesión.
El alcance de la autorización hace que la medida resulte todavía más preocupante. El aviso menciona información sobre actividad física, registros de salud, medicación y ciclos menstruales, y reconoce que los datos podrían intervenir en procesos que incluyan revisión humana. No estamos hablando de métricas anónimas sobre el uso de una interfaz ni de preferencias comerciales, sino de algunos de los datos más íntimos que una persona puede almacenar en un dispositivo. Información capaz de reflejar tratamientos, enfermedades, hábitos, fertilidad, sueño o cambios en el estado físico del usuario.
Como puedes ver en la imagen un poco más abajo, Samsung presenta un control para retirar el consentimiento, pero su diseño convierte esa elección en algo difícilmente calificable como libre. Quien se niegue no solo renuncia a futuras funciones de inteligencia artificial, sino que pierde la sincronización con su cuenta y se expone a que desaparezca la información que lleva meses o incluso años acumulando. La disyuntiva es muy clara: permitir que Samsung utilice el historial sanitario para desarrollar sus modelos o aceptar una degradación sustancial de un servicio que ya formaba parte del ecosistema adquirido por el usuario.
La diferencia es fundamental. Analizar los datos de sueño de una persona para mostrarle un informe solicitado no equivale a reutilizar esa información para entrenar sistemas generales de la compañía. Una cosa es el tratamiento necesario para prestar una función concreta; otra, convertir los datos de toda la base de usuarios en materia prima para mejorar productos presentes o futuros. Samsung está mezclando ambos planos y utilizando la dependencia creada alrededor de Samsung Health como palanca para conseguir una autorización que muchos usuarios probablemente no concederían en condiciones normales.
A la izquierda, permiso para el uso de los datos activado; a a derecha, función desactivada y (abajo) mensaje de advertencia sobre la pérdida de funciones. Imágenes de HowToGeek.
La situación resulta especialmente delicada en Europa. El RGPD considera la información sanitaria una categoría especial de datos personales cuyo tratamiento está, como principio general, prohibido salvo que concurra alguna de las excepciones previstas, entre ellas el consentimiento explícito. Ese consentimiento, además, debe ser específico, informado y verdaderamente voluntario. La Comisión Europea recuerda que una persona debe poder rechazarlo o retirarlo sin sufrir una desventaja, y que no se considera libre cuando se exige aceptar un tratamiento innecesario como condición para acceder a un servicio.
Eso no permite afirmar todavía que Samsung esté infringiendo el RGPD. Faltan datos esenciales, como todas las regiones en las que se aplicará (o pretenderá aplicar) esta política, la base jurídica aplicada en cada mercado, el grado de anonimización o seudonimización, los periodos de conservación y las condiciones concretas del tratamiento. Tampoco está claro hasta qué punto Samsung puede vincular la información empleada para entrenar sus modelos con usuarios individuales. La compañía no había respondido a las preguntas de la fuente original en el momento de publicarse la información, una falta de claridad especialmente poco aceptable cuando se pretende procesar datos de esta naturaleza.
Samsung tiene una razón comercial evidente para querer acceder a ese volumen de información. La compañía está transformando Samsung Health para ofrecer recomendaciones basadas en IA sobre ejercicio, descanso, nutrición y bienestar, y sostiene que quiere pasar del simple seguimiento a una orientación más proactiva y personalizada. Esos sistemas necesitan datos para desarrollarse, pero esa necesidad técnica no convierte automáticamente en legítimo cualquier mecanismo empleado para obtenerlos, y mucho menos uno que coloca al usuario ante la pérdida de funciones preexistentes.
Samsung podría haber separado claramente la sincronización, el análisis personal y la utilización de información para entrenar modelos generales. Podría haber pedido una participación genuinamente opcional, explicado con precisión qué datos necesita y ofrecido incentivos transparentes a quienes aceptaran colaborar. En lugar de eso, parece haber elegido el camino más agresivo: convertir el acceso normal a Samsung Health en moneda de cambio. Cuando la alternativa a entregar datos sanitarios es perder la sincronización y arriesgarse a ver eliminado el historial acumulado, hablar de consentimiento voluntario se acerca peligrosamente al cinismo corporativo.
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